EL SACERDOCIO A TODO VARÓN DIGNO

El Rincón Sud quiere compartir hoy un interesante artículo tomado de el libro de las Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia-Spencer W. Kimball y de Doctrina y Convenios, recordando la famosa Declaración Oficial Número 2, la cual otorga el derecho de recibir el sacerdocio a todo varón digno.

Desde la restauración de la Iglesia en 1830 hasta Junio de 1978 el sacerdocio solo se extendía a los hombres dignos de raza blanca, lo cual era motivo de murmuraciones contra la Iglesia y de persecución, con acusaciones relacionadas con el racismo. La realidad es que no era una actitud racista por parte de la Iglesia, sino que era de esa manera porque así el Señor lo mandaba, no era el momento de otorgarle el sacerdocio a hombres de raza negra, era una situación similar a los tiempos de Jesucristo, en donde el evangelio solo podía ser predicado al pueblo de Israel, hasta que el Señor después de su muerte y resurrección desplegó una revelación a Pedro de que el evangelio debía comenzar a ser predicado también a los gentiles.

A continuación comparto la historia del momento en que el Señor mandó por medio de su profeta del momento, Spencer W. Kimball, a que el Sacerdocio se extendiera a todo varón digno y la correspondiente carta con el anuncio tan esperado por los hermanos de raza negra.

La revelación sobre el sacerdocio

Uno de los cambios más importantes que ocurrió durante la presidencia de Spencer W. Kimball fue la revelación sobre el sacerdocio (véase la Declaración Oficial 2, en Doctrina y Convenios).
El 1º de junio de 1978, el presidente Kimball se reunió con otros miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles en una sala de un piso superior del Templo de Salt Lake. El presidente Gordon B. Hinckley, que estaba presente en esa ocasión como integrante del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo más adelante lo siguiente:

“El asunto de extender las bendiciones del sacerdocio a los varones de raza negra había estado en los pensamientos de muchas Autoridades Generales desde hacía varios años. Hubo Presidentes de la Iglesia que se refirieron a eso muchas veces, y se había convertido en un tema de preocupación particular para el presidente Spencer W. Kimball.

“Durante un tiempo considerable él había estado orando con respecto a esa cuestión tan seria y delicada. Había pasado muchas horas solo en aquella sala de un piso superior del templo, dedicado a la oración y a la meditación.

“En esa oportunidad presentó el asunto ante las Autoridades Generales presentes: sus Consejeros y los Apóstoles. Después de analizarlo, nos unimos para orar en circunstancias que eran en extremo sagradas. El presidente Kimball fue quien ofreció esa oración... El Espíritu de Dios estaba allí. Y por el poder del Espíritu Santo, el Profeta recibió la seguridad de que aquello por lo que oraba era correcto, de que había llegado el momento y de que las maravillosas bendiciones del sacerdocio debían extenderse a todo hombre digno, fuera cual fuese su linaje.

“Todos los hombres que estábamos en aquel círculo sentimos lo mismo por el poder del Espíritu Santo.

“Fue una situación tranquila y sublime...

“...Ninguno de los que estábamos presentes en esa oportunidad volvió a ser nunca la misma persona; y tampoco la Iglesia ha sido la misma”.

El anuncio de la revelación se hizo a través de una carta fechada el 8 de junio de 1978 y dirigida a todos los oficiales generales y locales de la Iglesia, poseedores del sacerdocio: “...todo varón que sea fiel y digno miembro de la Iglesia puede recibir el santo sacerdocio, con el poder de ejercer su autoridad divina, y
disfrutar con sus seres queridos de toda bendición que de él procede, incluso las bendiciones del templo” (D. y C. Declaración Oficial 2).

El presidente Hinckley comentó: “La carta fue publicada para la Iglesia y para el mundo, y de más está contarles del efecto electrizante que causó, tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella. Hubo gran emoción, con lágrimas de gratitud no sólo de parte de aquellos a quienes previamente se había negado el sacerdocio y
que se beneficiaron de inmediato con el anuncio, sino también de muchos hombres y mujeres de la Iglesia, por todo el mundo, que habían sentido lo mismo que nosotros sentíamos con respecto a ese asunto”.

Unos tres meses después, el presidente Kimball dijo, refiriéndose a la revelación: “Una de las Autoridades Generales dijo ayer que lo que ahora tenemos representa uno de los cambios y bendiciones más grandes que jamás se hayan conocido... Aparte de unas pocas personas que siempre quieren oponerse, la gente del mundo ha aceptado este cambio con gratitud... Por eso, estamos muy, muy contentos, especialmente por aquellos que hasta ahora se habían visto privados de esas bendiciones”.
(Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, Spencer W. Kimbal, pág. XXXV - XXXVI)

Carta del anunció de la revelación

Carta leída por N. Eldon Tanner, durante la Conferencia General número 148.
 
8 de junio de 1978
 
A todos los oficiales generales y locales del sacerdocio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días de todo el mundo:
 
Estimados hermanos:
 
Al observar la expansión de la obra del Señor sobre la tierra, hemos sentido agradecimiento al ver que los habitantes de muchas naciones han respondido al mensaje del evangelio restaurado, y se han unido a la Iglesia en números cada vez mayores. Esto, a la vez, nos ha inspirado el deseo de extender a todo miembro digno de la Iglesia todos los privilegios y bendiciones que el evangelio proporciona. 
 
Enterados de las promesas declaradas por los profetas y presidentes de la Iglesia que nos han precedido, de que en alguna ocasión, en el plan eterno de Dios, todos nuestros hermanos que sean dignos podrán recibir el sacerdocio, y al ver la fidelidad de aquellos a quienes se les ha retenido el sacerdocio, hemos suplicado larga y fervientemente a favor de éstos, nuestros fieles hermanos, y hemos pasado muchas horas en el cuarto superior del Templo suplicando al Señor orientación divina. 
 
Él ha escuchado nuestras oraciones y ha confirmado por revelación que ha llegado el día prometido por tan largo tiempo en el que todo varón que sea fiel y digno miembro de la Iglesia puede recibir el santo sacerdocio, con el poder de ejercer su autoridad divina, y disfrutar con sus seres queridos de toda bendición que de él procede, incluso las bendiciones del templo. Por consiguiente, se puede conferir el sacerdocio a todos los varones que sean miembros dignos de la Iglesia sin tomar en consideración ni su raza ni su color. Se instruye a los directores del sacerdocio que se guíen por el sistema de entrevistar concienzudamente a todo candidato a quien se le vaya a conferir, ya sea el Sacerdocio Aarónico o el de Melquisedec, para asegurarse de que esté cumpliendo con las normas establecidas para determinar si es digno. 
 
Declaramos solemnemente que el Señor ahora ha dado a conocer su voluntad para la bendición de todos sus hijos, por toda la tierra, que presten atención a la voz de sus siervos autorizados y se preparen para recibir toda bendición del evangelio.
 
Atentamente,
 
Spencer W. Kimball
N. Eldon Tanner
Marion G. Romney
La Primera Presidencia 
 
(Doctrina y Convenios, Declaración Oficial  - 2)

Me imagino el momento de gozo que habrán sentido los hermanos que se vieron beneficiados con esta revelación otorgada por el Señor a nuestro profeta, debe haber sido un momento de extremado gozo y júbilo. Ya que de esta manera tenían la posibilidad de comenzar a gozar de todas la bendiciones que implica poseer el sacerdocio, entre las cuales se encuentran las bendiciones de el templo.

Esta revelación es un fiel testimonio de que el Señor se comunica con su profeta, de que Él guía a su Iglesia y que comunica las bendiciones en su debido tiempo y forma, conforme a su voluntad.

Hoy día los países con predominio de habitantes de raza negra están creciendo en gran manera en la aceptación del evangelio, en sus países ya gozan de la bendición de tener templos y además también entre las autoridades generales se cuenta con hermanos de raza negra.