23/12/1805 NACE JOSÉ SMITH HIJO


Artículo tomado de Mormón SUD.


Un 23 de diciembre de 1805 nacio José Smith, en  el pueblo de Sharon, condado de Windsor, Estado de Vermont. Parte de una familia de once personas José Smith creció en un ambiente de pequeños agricultores. Sin embargo, se transformaría en un Profeta para miles de  personas, hoy para millones. Sería amado pero también perseguido, revelaría doctrinas y principios esclarecedores, algunos entrarían en total conflicto con las costumbre de su época. Las consecuencias de su obra, mandada por Dios, se pueden percibir hoy con mayor fuerza que en sus comienzos.


El manual de José Smith : Presidentes de la Iglesia nos  señala de sus origenes:


"José Smith era estadounidense de la sexta generación; sus antepasados emigraron de Inglaterra a América del Norte en el siglo diecisiete. Los antecesores del Profeta ejemplificaban las característicasde las primeras generaciones de estadounidenses: creían que Dios los cuidaba y los dirigía, tenían una fuerte ética de trabajoy se dedicaban diligentemente al servicio de su familia y desu país.


Los padres de José Smith, Joseph Smith y Lucy Mack, se casaron en 1796, en Tunbridge, Vermont. Era una pareja industriosa y devota que comenzó su vida matrimonial en circunstancias económicas favorables. Lamentablemente, Joseph Smith perdió la primera granja que el gobierno le había cedido para fines agrícolas y ganaderos y sufrió un número de reveses económicos en los años subsiguientes. La familia Smith se vio forzada a mudarse varias veces mientras el padre trataba de ganarse la vida cultivandolas colinas boscosas de Nueva Inglaterra, trabajando como empleado en otras granjas, operando un negocio mercantil o enseñando en una escuela.


El mismo José Smith se refiere de esa época“nos veíamos obligados a trabajar arduamente para mantener a la familia que era grande…y, puesto que se exigía el esfuerzo de todos los que estábamoscapacitados para ayudar en el mantenimiento de la familia, por lo tanto, nos vimos privados del beneficio de una instrucción escolar. Baste decir que yo apenas había aprendido a leer y a escribir, y sabía algunas reglas básicas de la aritmética”. 


Al igual que muchos otros, las circunstancias que rodearon el nacimiento e infancia del Profeta fueron en el aspecto temporal bastante escasas y limitadas. Sin embargo, esto no fue una limitante para que cumpliese su misión como Profeta, vidente y revelador. Hoy se cumplen más de docientos años desde su nacimiento, es un buen día para recordar las bendiciones que hemos recibido de Dios por intermedio de sus siervos los Profetas.

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EL CRISTO VIVIENTE

El Rincón Sud les trae la declaracíon emitida por la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles el 1 enero del año 2000, como declaración por la celebración de los 2.000 años del nacimiento de Jesucristo.

"Al conmemorar el nacimiento de Jesucristo hace dos milenios, manifestamos nuestro testimonio de la realidad de Su vida incomparable y de la virtud infinita de Su gran sacrificio expiatorio. Ninguna otra persona ha ejercido una influencia tan profunda sobre todos los que han vivido y los que aún vivirán sobre la tierra.

Él fue el Gran Jehová del Antiguo Testamento y el Mesías del Nuevo Testamento. Bajo la dirección de Su Padre, Él fue el Creador de la tierra.

“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3). Aun cuando fue sin pecado, fue bautizado para cumplir toda justicia. Él “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38) y, sin embargo, fue repudiado por ello. Su Evangelio fue un mensaje de paz y de buena voluntad.

Él suplicó a todos que siguieran Su ejemplo. Recorrió los caminos de Palestina, sanando a los enfermos, haciendo que los ciegos vieran y levantando a los muertos. Enseñó las verdades de la eternidad, la realidad de nuestra existencia premortal, el propósito de nuestra vida en la tierra y el potencial de los hijos y de las hijas de Dios en la vida venidera.

Instituyó la Santa Cena como recordatorio de Su gran sacrificio expiatorio. Fue arrestado y condenado por acusaciones falsas, se le declaró culpable para satisfacer a la multitud y se le sentenció a morir en la cruz del Calvario. Él dio Su vida para expiar los pecados de todo el género humano. La Suya fue una gran dádiva vicaria en favor de todos los que habitarían la tierra.

Testificamos solemnemente que Su vida, que es fundamental para toda la historia de la humanidad, no comenzó en Belén ni concluyó en el Calvario. Él fue el Primogénito del Padre, el Hijo Unigénito en la carne, el Redentor del mundo.

Se levantó del sepulcro para ser las “primicias de los que durmieron” (1 Corintios 15:20). Como el Señor Resucitado, anduvo entre aquellos a los que había amado en vida. También ministró entre Sus “otras ovejas” (Juan 10:16) en la antigua América. En el mundo moderno, Él y Su Padre aparecieron al joven José Smith, iniciando así la largamente prometida “dispensación del cumplimiento de los tiempos” (Efesios 1:10).

Del Cristo Viviente, el profeta José escribió: “Sus ojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol; y su voz era como el estruendo de muchas aguas, sí, la voz de Jehová, que decía:

“Soy el primero y el último; soy el que vive, soy el que fue muerto; soy vuestro abogado ante el Padre” (D. y C. 110:3–4).

De Él, el Profeta también declaró: “Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive!

“Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre;

“que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios” (D. y C. 76:22–24).

Declaramos en palabras de solemnidad que Su sacerdocio y Su Iglesia han sido restaurados sobre la tierra, “edificados sobre el fundamento de… apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20).

Testificamos que algún día Él regresará a la tierra. “Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá” (Isaías 40:5). Él regirá como Rey de reyes y reinará como Señor de señores, y toda rodilla se doblará, y toda lengua hablará en adoración ante Él. Todos nosotros compareceremos para ser juzgados por Él según nuestras obras y los deseos de nuestro corazón.

Damos testimonio, en calidad de Sus apóstoles debidamente ordenados, de que Jesús es el Cristo Viviente, el inmortal Hijo de Dios. Él es el gran Rey Emanuel, que hoy está a la diestra de Su Padre. Él es la luz, la vida y la esperanza del mundo. Su camino es el sendero que lleva a la felicidad en esta vida y a la vida eterna en el mundo venidero. Gracias sean dadas a Dios por la dádiva incomparable de Su Hijo divino." 

Si quieres bajar el folleto en formato PDF, puedes hacerlo desde el sitio oficial de la Iglesia siguiendo este link.
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"CUIDAOS DEL ORGULLO"

El Rincón Sud les trae el maravilloso mensaje pronunciado por el Presidente Ezra Taft Benson en el año 1989, titulado "Cuidaos del orgullo", a fin de que podamos releerlo y utilizar las palabras de este hombre de Dios para hacer los cambios necesarios en nuestras vidas.

"CUIDAOS DEL ORGULLO"


"El orgullo es el pecado universal, el gran vicio ... El orgullo es la gran piedra de tropiezo de Sión."

Mis amados hermanos. me regocijo de estar con vosotros en otra gloriosa conferencia general de la Iglesia. Cuán agradecido estoy por el amor, las oraciones y el servicio de los devotos miembros de la Iglesia que hay en todo el mundo.

Quisiera elogiar a los santos fieles que están esforzándose por inundar la tierra con el Libro de Mormón y absorber sus enseñanzas ellos mismos. No sólo debemos sacar a luz, de manera extraordinaria, más ejemplares de este libro, sino que debemos hacer penetrar en nuestra propia vida y en toda la tierra más de sus maravillosos mensajes.

Este libro sagrado se escribió para nosotros, para nuestros días. Debemos aplicar sus enseñanzas a nosotros mismos (véase 1 Nefi 19:23).

Doctrina y Convenios nos dice que el Libro de Mormón es el registro de "un pueblo caído" (véase D. y C. 20:9). ¿Y por qué cayó ese pueblo? Ese es uno de los mensajes principales del Libro de Mormón. Mormón mismo da la respuesta en los últimos capítulos del libro con estas palabras.

"He aquí, el orgullo de esta nación, o sea el pueblo de los nefitas, ha sido la causa de su destrucción a menos que se arrepientan." (Moroni 8:27)

Y luego, no sea que podamos perder el significativo mensaje del Libro de Mormón que nos legó ese pueblo caído, el Señor nos advierte en Doctrina y Convenios: "Cuidaos del orgullo, no sea que lleguéis a ser como los nefitas de la antigüedad" (D. y C. 38:39).

Sinceramente deseo la ayuda de vuestra fe y vuestras oraciones al tratar de aclarar este mensaje del Libro de Mormón sobre el pecado del orgullo. Este es un mensaje que he tenido pesándome sobre el alma durante algún tiempo ya. Sé que el Señor quiere que os lo comunique ahora a vosotros.

En el concilio preterrenal, fue el orgullo lo que hizo caer a Lucifer, el hijo de la mañana (véase 2 Nefi 24:12-15: D. y C. 76:25-27; Moisés 4:3). Al llegar el fin de este mundo, cuando Dios purifique la tierra con fuego, los orgullosos serán quemados como estopa y los mansos heredarán la tierra (véase 3 Nefi 12:5, 25:1; D. y C. 29:9; JS-H 1:37; Malaquías 4:1).

En Doctrina y Convenios el Señor emplea tres veces la frase "cuídate del orgullo", y hace una advertencia a propósito de él al segundo élder de la Iglesia, Oliverio Cowdery, y a Emma Smith, esposa del Profeta (D. y C. 23:1; véase también 25:14; 38:39).

El orgullo es un pecado muy mal interpretado y muchos pecan en la ignorancia (véase Mosíah 3:11: 3 Nefi 6:18). En las Escrituras no hay nada que hable de un orgullo justo. sino que siempre se considera un pecado. Por tanto, sea cual sea la forma en que el mundo emplee la palabra, nosotros debemos entender la forma en que Dios la emplea para poder comprender el lenguaje de las Sagradas Escrituras y sacar provecho de ellas (véase 2 Nefi 4:15; Mosíah 1:3-7; Alma 5:61).

La mayoría de nosotros piensa en el orgullo lo como egotismo, vanidad, jactancia, arrogancia o altivez; aunque todos éstos son elementos que forman parte de ese pecado, su núcleo no esta en ellos.

La característica principal del orgullo es la enemistad: enemistad hacia Dios y enemistad hacia nuestro, semejantes. Enemistad significa "aversión. odio, resentimiento" u oposición. Es el poder por el cual Satanás desea dominarnos.

El orgullo en su naturaleza fomenta la competencia. Oponemos nuestra voluntad a la de Dios. Cuando lo hacernos blanco a El de nuestro orgullo, es con la actitud de decir: "Que se haga mi voluntad y no la tuya". Como dijo Pablo. "todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús (Filipenses 2:21).

Nuestra voluntad en competencia con la de Dios deja que nuestros deseos, apetitos y pasiones corran desenfrenados (véase Alma 38:12; 3 Nefi 12:30).

Los orgullosos no pueden aceptar que la autoridad de Dios dé dirección a su vida (véase Helamán 12:6). Ellos oponen sus percepciones de la verdad contra el conocimiento omnisciente de Dios, su capacidad contra el poder del Sacerdocio de Dios sus propios logros contra las obras grandiosas de El.

Nuestra enemistad contra Dios puede ir marcada con etiquetas variadas, como la rebelión, la dureza de corazón, la dureza de cerviz, la impiedad, la vanidad, la facilidad para ofenderse y el deseo de recibir señales. Los orgullosos quieren que Dios esté de acuerdo con ellos; pero no tienen interés en cambiar de opinión para que la suya esté de acuerdo con la de Dios.

Otro aspecto importante de este pecado tan prevaleciente es la enemistad hacia nuestros semejantes. Diariamente nos vernos tentados a elevarnos por encima de los demás y disminuirlos a ellos (véase Helamán 6:17; D. y C. 58:41).

Los orgullosos hacen de toda persona su adversario oponiendo a los demás su intelecto, opiniones, trabajos, posesiones, talento y otros valores mundanos. Según las palabras de C. S. Lewis: "El orgullo no encuentra placer en poseer algo, sino en poseerlo en mayor cantidad que el vecino ... Lo que nos enorgullece es la comparación, el placer de colocarnos por encima de los demás. Una vez que desaparece el elemento de competencia, el orgullo deja de existir”. (Mere Christianity, Nueva York: Macmillan, 1952, págs. 109-110.)

En el concilio preterrenal, Lucifer presentó su propuesta en competencia con el plan del Padre, por el que Jesús abogaba (véase Moisés 4:13). Lucifer quería recibir honor por encima de todos los demás (véase 2 Nefi 24:13). En resumen, su orgulloso deseo era destronar a Dios (véase D. y C. 29:36; 76:28).

Las Escrituras están repletas de evidencias de las graves consecuencias que trae el pecado del orgullo al hombre individualmente o en grupos, a las ciudades y las naciones. "Antes del quebrantamiento es [el orgullo]" (Proverbios 16:18). Eso fue lo que destruyó a la nación nefita y a la ciudad de Sodoma (véase Moroni 8:27; Ezequiel 16:49-50).

Por el orgullo Cristo fue crucificado. Los fariseos estaban irritados porque Jesús proclamaba ser el Hijo de Dios, lo cual ponía en peligro la posición de ellos, y por eso tramaron su muerte (véase Juan 11:53).

Saúl se convirtió en enemigo de David por causa del orgullo. Estaba celoso porque la multitud de las mujeres de Israel cantaban diciendo: "Saúl hirió a sus miles y David a sus diez miles" ( 1 Samuel 18:6-8).

Los orgullosos temen más al juicio de los hombres que al juicio de Dios (véase D. y C. 3:6-7: 30:1-2; 60:2). La idea "Qué pensarán los demás” pesa más para ellos que la de “Qué pensara Dios de mí”.

El rey Noé estaba a punto de liberar al profeta Abinadí. pero sus malvados sacerdotes apelaron a su orgullo y esto envió a Abinadí a la hoguera (véase Mosíah 17:11-12). Herodes se entristeció ante la exigencia de su esposa de que le cortara la cabeza a Juan el Bautista; pero su orgulloso deseo de quedar bien ante los ojos "de los que estaban con él a la mesa" le hizo mandar matar a Juan (Mateo 14:9; véase también Marcos 6:26).

El temor de los juicios de los hombres se manifiesta en la competencia que tiene lugar por lograr la aprobación de los demás. Los orgullosos aman "más la gloria de los hombres que la gloria de Dios" (Juan 12:42-43). El pecado se manifiesta en los motivos que tenemos para hacer lo que hacemos. Jesús dijo que El hacía siempre lo que le agradaba al Padre (véase Juan 8:29). ¿No sería mejor que nuestro motivo fuera agradar a Dios en lugar de tratar de colocarnos por encima de nuestros hermanos y tratar de superarlos?

A algunos orgullosos no les preocupa tanto que su salario sea suficiente para sus necesidades como que sea mayor de lo que ganan otros. Hallan su recompensa en estar un poquito por encima de los demás. Esta es la enemistad del orgullo.

Cuando el orgullo se apodera de nuestro corazón, perdemos nuestra independencia del mundo y entregarnos nuestra libertad al cautiverio de los juicios humanos. La voz del mundo resuena más fuerte que los susurros del Espíritu Santo. El razonamiento de los hombres triunfa sobre las revelaciones de Dios y los orgullosos se sueltan de la barra de hierro (véase 1 Nefi 8:19-28; 11:25; 15:23-24).

El orgullo es un pecado que se puede observar fácilmente en los demás, pero que raramente admitimos en nosotros mismos. La mayoría de nosotros lo considera un pecado de los que están en la cumbre, como los ricos y los eruditos, mirándonos a nosotros "por encima del hombro" (véase 2 Nefi 9:42). Sin embargo, hay una dolencia mucho más común entre nosotros, y es la del orgullo de los que están abajo mirando hacia arriba; éste se manifiesta de diversas formas, como la crítica, el chisme, la calumnia, la murmuración, la pretensión de gastar más de lo que tenemos, la envidia, la codicia, la supresión de la gratitud y el elogio que podrían elevar a otro, y el rencor y los celos.

La desobediencia es esencialmente una lucha orgullosa por el poder en contra de alguien que tiene autoridad sobre nosotros. Puede tratarse de los padres, de un líder del sacerdocio, un maestro y hasta de Dios. El orgulloso aborrece la idea de que hay alguien que esté por encima de él, pues ­piensa que esto rebaja su propia posición.

El egoísmo es uno de los aspectos más comunes del orgullo. "La forma en que todo me afecta a mí" es la idea central de lo que es importante para la persona: el orgullo de quién es, la autocompasión, el interés por la fama del mundo, la gratificación de los deseos personales y de los propios intereses.

El orgullo da como resultado combinaciones secretas que se establecen para lograr poder, "riquezas y la gloria del mundo" (véase Helamán 7:5; Eter 8:9, 16, 22-23; Moisés 5:31). Este fruto del pecado del orgullo, es decir, las combinaciones secretas, destruyó a las civilizaciones de los jareditas y los nefitas, y ha sido y será todavía la causa de la caída de muchas naciones (véase Eter 8:18-25).

Otro aspecto del orgullo es la contención. Las discusiones acaloradas, las peleas, el dominio injusto, las grandes brechas entre las generaciones, el divorcio, el abuso de cónyuges, los tumultos y disturbios, todos encajan en esta categoría del orgullo.

La contención en la familia aleja de ella al Espíritu del Señor; también aparta a muchas personas de su familia. Su expresión varía desde una palabra hostil hasta los conflictos mundiales. Las Escrituras nos dicen que "[el orgullo] concebirá contienda" (Proverbios 13: 10; véase también 28:25).

Las Escrituras testifican que los orgullosos se ofenden fácilmente y guardan rencor por las ofensas (véase 1 Nefi 16:1-3). Se niegan a perdonar a fin de mantener a la otra persona en el papel de deudor y de justificar sus malos sentimientos.

El orgulloso no acepta mansamente los consejos ni la corrección (véase Proverbios 15:10; Amos 5:10). Se pone a la defensiva para justificar sus debilidades y sus faltas (véase Mateo 3:9; Juan 6:30-59).

El orgulloso depende del mundo para que lo diga si vale algo o no. Su autoestima se determina según el lugar en que se le juzgue en la escala del éxito mundano. Se considera de valor si la cantidad de personas que están por debajo de él en logros, talento, belleza o intelecto es bastante grande. El orgullo es muy malo. Su concepto es: “Si tú tienes éxito, yo soy un fracaso”.

Si amamos a Dios, hacemos su voluntad y tememos su juicio más que el del hombre, sentiremos autoestima.

El orgullo es un pecado condenatorio en todo el sentido de la palabra y limita o detiene el progreso (véase Alma 12:10-11). El orgulloso no es maleable de enseñar (véase 1 Nefi 15:3, 7:11); no cambia su manera de pensar para aceptar la verdad, porque eso implicaría que ha estado equivocado.

El orgullo afecta todas nuestras relaciones: la que tenemos con Dios y sus siervos, la de marido y mujer, de padres e hijos, de patrón y empleado, de maestro y alumno, y de toda la humanidad. Según el nivel a que esté nuestro orgullo, así trataremos a Dios y a nuestros hermanos. Cristo quiere elevarnos a su propia altura. ¿Deseamos nosotros lo mismo para nuestros semejantes?

El orgullo apaga nuestro sentido de que descendemos de Dios y que todos somos hermanos; nos separa y divide en clases, de acuerdo con nuestras "riquezas” y nuestras oportunidades de educación académica (véase 3 Nefi 6:12). La unidad es imposible entre un pueblo orgulloso, y a menos que seamos uno, no somos del Señor (véase Mosíah 18:21; D. y C. 38:27, 105:2-4; Moisés 7:18).

Pensad en lo que nos ha costado el orgullo en el pasado y en el precio que pagarnos por él ahora, nosotros mismos, nuestra familia, la Iglesia.

Pensad en el arrepentimiento que existiría con un cambio en la vida de las personas, con matrimonios sólidos con hogares fuertes si el orgullo no nos impidiera confesar nuestros pecados y abandonarlos (véase D. y C. 58:43). Pensad en los muchos miembros de la Iglesia que son menos activos porque han sido ofendidos y su orgullo no les permite perdonar ni sentarse a corner a la mesa del Señor.

Pensad en las decenas de miles de jóvenes y de matrimonios que podrían estar en misiones si no fuera por el orgullo que les impide entregar por completo su corazón a Dios (véase Alma 10:6; Helamán 3:34-35).

Pensad en cuánto aumentaría la obra del templo si fuera más importante dedicarnos a ese servicio sagrado que a los diversos intereses vanos que nos roban el tiempo.

El orgullo nos afecta a todos, en momentos diferentes y con distinta intensidad. En esto se puede ver por qué el edificio que estaba en el sueño de Lehi y que representaba "el orgullo del mundo” era “vasto y espacioso" y se reunieron en él grandes multitudes (véase 1 Nefi 8:26, 33; 11:35-36).

El orgullo es el pecado universal, el gran vicio. Sí, es el pecado universal, el gran vicio.

Su antídoto es la humildad, la mansedumbre, la docilidad (véase Alma 7:23). Es el corazón quebrantado y el espíritu contrito (véase 3 Nefi 9:20, 12:19; D. y C. 20:37, 59:8; Salmos 34:18; Isaías 57:15, 66:2). Como lo expreso tan acertadamente Rudyard Kipling en un himno:

"Huecos los gritos y el clamor,
los reyes vano poder son.
Este sacrificio quiere el Señor:
un contrito y humilde corazón.
Dios de las huestes, gran Jehová,
No nos permitas olvidar.
No nos permitas olvidar.
(Traducción libre. Véase “Dios de nuestros padres". Himnos 113)

Dios quiere un pueblo humilde. Podernos elegir entre ser humildes por decisión propia o porque se nos obligue a serlo. Alma dijo: “Benditos son aquellos que se humillan sin ser obligados a ser humildes” (Alma 32:16). Por lo tanto, tomemos la decisión de ser humildes.

Podemos ser humildes venciendo la enemistad hacia nuestros hermanos, amándolos como a nosotros mismos y elevándolos hasta nuestra altura o por encima de nosotros (véase D. y C. 38:24: 81:5; 84:106).

Podemos ser humildes aceptando los consejos y las amonestaciones que se nos dan (véase Jacob 4:10; Helamán 15:3; D. y C. 63:55, 101:4-5, 108:1; 124:61, 84; 136:31; Proverbios 9:8).

Podemos ser humildes perdonando a aquellos que nos hayan ofendido (véase 3 Nefi 13:11, 14; D. y C. 64:10).

Podemos ser humildes sirviendo con abnegación (véase Mosíah 3:16-17).

Podemos ser humildes cumpliendo misiones y predicando la palabra que hará humildes también a otras personas (véase Alma 4:19; 31:35; 48:20).

Podemos ser humildes asistiendo con más frecuencia al templo. Podemos ser humildes confesando y abandonando nuestros pecados y naciendo nuevamente de Dios (véase D. y C. 58:43; Mosíah 27:25-26; Alma 5:7-14, 49).

Podemos ser humildes amando a Dios, sometiendo nuestra voluntad a la suya y dándole a Él el lugar de prioridad en nuestra vida (véase 3 Nefi 11:11, 13:33; Moroni 10:32 ).

Tomemos la decisión de ser humildes. Podemos hacerlo; yo sé que podemos.

Mis queridos hermanos, debemos prepararnos para redimir a Sión. Lo que nos impidió establecer a Sión en los días del profeta José Smith fue principalmente el pecado del orgullo. Y este mismo pecado fue lo que puso fin al cumplimiento de la ley de consagración entre los nefitas (véase 4 Nefi 1:24-25).

El orgullo es la gran piedra de tropiezo para Sión. Repito, el orgullo es la gran piedra de tropiezo para Sión.

Debemos limpiar lo interior del vaso venciendo el orgullo (véase Alma 2-4; Mateo 23:25-26).

Debemos someternos "al influjo del Espíritu Santo", despojarnos "del hombre natural" orgulloso, convertirnos en santos por medio de "la expiación de Cristo el Señor" y volvernos como niños: sumisos, mansos, humildes (véase Mosíah 3:19; véase también Alma 13:28).

Que podamos hacerlo así y seguir adelante cumpliendo nuestro destino divino, es mi ferviente oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.
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PRESIDENTE MONSON EL MÁS INFLUYENTE

Fuente: Mormón SUD
 
En el sitio  slate.com el Presidente Thomas S. Monson apareció como el octogenario más influyente en la sociedad Estadounidense. Este sitio publica cada año una lista de los líderes más poderosos que tienen 80 o más años. Este año el Presidente Monson está en la cima de la lista con el puesto Nº 1. El Presidente Monson se situa sobre los ex presidentes Jimmy Carter y George W. H. Bush, el ex secretario de Estado Henry Kissinger. 


El CEO de slate.com señaló del Presidente Monson, que por 13 millones de miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días dispersos en todo el mundo, él es considerado un Profeta de Dios así como Abraham, Moisés o los Apóstoles de Jesucristo.
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EL SACERDOCIO A TODO VARÓN DIGNO

El Rincón Sud quiere compartir hoy un interesante artículo tomado de el libro de las Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia-Spencer W. Kimball y de Doctrina y Convenios, recordando la famosa Declaración Oficial Número 2, la cual otorga el derecho de recibir el sacerdocio a todo varón digno.

Desde la restauración de la Iglesia en 1830 hasta Junio de 1978 el sacerdocio solo se extendía a los hombres dignos de raza blanca, lo cual era motivo de murmuraciones contra la Iglesia y de persecución, con acusaciones relacionadas con el racismo. La realidad es que no era una actitud racista por parte de la Iglesia, sino que era de esa manera porque así el Señor lo mandaba, no era el momento de otorgarle el sacerdocio a hombres de raza negra, era una situación similar a los tiempos de Jesucristo, en donde el evangelio solo podía ser predicado al pueblo de Israel, hasta que el Señor después de su muerte y resurrección desplegó una revelación a Pedro de que el evangelio debía comenzar a ser predicado también a los gentiles.

A continuación comparto la historia del momento en que el Señor mandó por medio de su profeta del momento, Spencer W. Kimball, a que el Sacerdocio se extendiera a todo varón digno y la correspondiente carta con el anuncio tan esperado por los hermanos de raza negra.

La revelación sobre el sacerdocio

Uno de los cambios más importantes que ocurrió durante la presidencia de Spencer W. Kimball fue la revelación sobre el sacerdocio (véase la Declaración Oficial 2, en Doctrina y Convenios).
El 1º de junio de 1978, el presidente Kimball se reunió con otros miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles en una sala de un piso superior del Templo de Salt Lake. El presidente Gordon B. Hinckley, que estaba presente en esa ocasión como integrante del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo más adelante lo siguiente:

“El asunto de extender las bendiciones del sacerdocio a los varones de raza negra había estado en los pensamientos de muchas Autoridades Generales desde hacía varios años. Hubo Presidentes de la Iglesia que se refirieron a eso muchas veces, y se había convertido en un tema de preocupación particular para el presidente Spencer W. Kimball.

“Durante un tiempo considerable él había estado orando con respecto a esa cuestión tan seria y delicada. Había pasado muchas horas solo en aquella sala de un piso superior del templo, dedicado a la oración y a la meditación.

“En esa oportunidad presentó el asunto ante las Autoridades Generales presentes: sus Consejeros y los Apóstoles. Después de analizarlo, nos unimos para orar en circunstancias que eran en extremo sagradas. El presidente Kimball fue quien ofreció esa oración... El Espíritu de Dios estaba allí. Y por el poder del Espíritu Santo, el Profeta recibió la seguridad de que aquello por lo que oraba era correcto, de que había llegado el momento y de que las maravillosas bendiciones del sacerdocio debían extenderse a todo hombre digno, fuera cual fuese su linaje.

“Todos los hombres que estábamos en aquel círculo sentimos lo mismo por el poder del Espíritu Santo.

“Fue una situación tranquila y sublime...

“...Ninguno de los que estábamos presentes en esa oportunidad volvió a ser nunca la misma persona; y tampoco la Iglesia ha sido la misma”.

El anuncio de la revelación se hizo a través de una carta fechada el 8 de junio de 1978 y dirigida a todos los oficiales generales y locales de la Iglesia, poseedores del sacerdocio: “...todo varón que sea fiel y digno miembro de la Iglesia puede recibir el santo sacerdocio, con el poder de ejercer su autoridad divina, y
disfrutar con sus seres queridos de toda bendición que de él procede, incluso las bendiciones del templo” (D. y C. Declaración Oficial 2).

El presidente Hinckley comentó: “La carta fue publicada para la Iglesia y para el mundo, y de más está contarles del efecto electrizante que causó, tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella. Hubo gran emoción, con lágrimas de gratitud no sólo de parte de aquellos a quienes previamente se había negado el sacerdocio y
que se beneficiaron de inmediato con el anuncio, sino también de muchos hombres y mujeres de la Iglesia, por todo el mundo, que habían sentido lo mismo que nosotros sentíamos con respecto a ese asunto”.

Unos tres meses después, el presidente Kimball dijo, refiriéndose a la revelación: “Una de las Autoridades Generales dijo ayer que lo que ahora tenemos representa uno de los cambios y bendiciones más grandes que jamás se hayan conocido... Aparte de unas pocas personas que siempre quieren oponerse, la gente del mundo ha aceptado este cambio con gratitud... Por eso, estamos muy, muy contentos, especialmente por aquellos que hasta ahora se habían visto privados de esas bendiciones”.
(Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, Spencer W. Kimbal, pág. XXXV - XXXVI)

Carta del anunció de la revelación

Carta leída por N. Eldon Tanner, durante la Conferencia General número 148.
 
8 de junio de 1978
 
A todos los oficiales generales y locales del sacerdocio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días de todo el mundo:
 
Estimados hermanos:
 
Al observar la expansión de la obra del Señor sobre la tierra, hemos sentido agradecimiento al ver que los habitantes de muchas naciones han respondido al mensaje del evangelio restaurado, y se han unido a la Iglesia en números cada vez mayores. Esto, a la vez, nos ha inspirado el deseo de extender a todo miembro digno de la Iglesia todos los privilegios y bendiciones que el evangelio proporciona. 
 
Enterados de las promesas declaradas por los profetas y presidentes de la Iglesia que nos han precedido, de que en alguna ocasión, en el plan eterno de Dios, todos nuestros hermanos que sean dignos podrán recibir el sacerdocio, y al ver la fidelidad de aquellos a quienes se les ha retenido el sacerdocio, hemos suplicado larga y fervientemente a favor de éstos, nuestros fieles hermanos, y hemos pasado muchas horas en el cuarto superior del Templo suplicando al Señor orientación divina. 
 
Él ha escuchado nuestras oraciones y ha confirmado por revelación que ha llegado el día prometido por tan largo tiempo en el que todo varón que sea fiel y digno miembro de la Iglesia puede recibir el santo sacerdocio, con el poder de ejercer su autoridad divina, y disfrutar con sus seres queridos de toda bendición que de él procede, incluso las bendiciones del templo. Por consiguiente, se puede conferir el sacerdocio a todos los varones que sean miembros dignos de la Iglesia sin tomar en consideración ni su raza ni su color. Se instruye a los directores del sacerdocio que se guíen por el sistema de entrevistar concienzudamente a todo candidato a quien se le vaya a conferir, ya sea el Sacerdocio Aarónico o el de Melquisedec, para asegurarse de que esté cumpliendo con las normas establecidas para determinar si es digno. 
 
Declaramos solemnemente que el Señor ahora ha dado a conocer su voluntad para la bendición de todos sus hijos, por toda la tierra, que presten atención a la voz de sus siervos autorizados y se preparen para recibir toda bendición del evangelio.
 
Atentamente,
 
Spencer W. Kimball
N. Eldon Tanner
Marion G. Romney
La Primera Presidencia 
 
(Doctrina y Convenios, Declaración Oficial  - 2)

Me imagino el momento de gozo que habrán sentido los hermanos que se vieron beneficiados con esta revelación otorgada por el Señor a nuestro profeta, debe haber sido un momento de extremado gozo y júbilo. Ya que de esta manera tenían la posibilidad de comenzar a gozar de todas la bendiciones que implica poseer el sacerdocio, entre las cuales se encuentran las bendiciones de el templo.

Esta revelación es un fiel testimonio de que el Señor se comunica con su profeta, de que Él guía a su Iglesia y que comunica las bendiciones en su debido tiempo y forma, conforme a su voluntad.

Hoy día los países con predominio de habitantes de raza negra están creciendo en gran manera en la aceptación del evangelio, en sus países ya gozan de la bendición de tener templos y además también entre las autoridades generales se cuenta con hermanos de raza negra.
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PRESIDENTE MONSON RECUERDA A 9 PRESIDENTES QUE LO PRECEDIERON

Traducción por Luís Córdova A.
Dpto.Traducción Pendón Sud

PROVO,UTAH, 15 Septiembre 2009 (DESERET NEWS) – Mencionando alimentos favoritos y principios de constancia, el Presidente Thomas S. Monson de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, proporcionó un listado de información personal de los Profetas que le precedieron, hablándoles a los asistentes en el Marriot Center en BYU.

El Presidente Monson, quién en Febrero de 2008, se convirtió en el décimo sexto Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, compartió una lista de información que incluía rasgos, anécdotas y cosas personales, de los nueve presidentes de la Iglesia que sirvieron toda su vida, a una multitud cercana a los 22.000 asistentes en el Marriot Center en BYU.

El Presidente Monson dijo que cada escrito, mensaje y ejemplo, era “para mostrarnos el camino, tenemos a aquellos a quienes el Señor ha proporcionado”.

Destacó los principios de rectitud que guiaron a los anteriores profetas.

Resumiéndolos en palabras a ellos – tal como la “persistencia” para el Presidente Heber J. Grant, la “compasión” para el Presidente George Albert Smith, la “dedicación” del Presidente Spencer W. Kimball, mientras que para otros uso frases, “haz lo mejor” del Presidente Gordon B. Hinckley y “estar en sintonía y ser receptivo a los susurros del Espíritu” del Presidente Harold B. Lee. El Presidente Monson, también proveyó de información de hechos personales favoritos de cada uno – un himno, una cita, la sonrisa a la audiencia, o una comida favorita.

Además del plato preferido de pan y leche favorito de cada uno, el Presidente Monson compartió otras delicias culinarias de los profetas modernos – el Presidente Joseph Fielding Smith se inclinaba por los pepinillos dulces, para el Presidente David O. McKay eran los chocolates, el Presidente Ezra Taft Benson las tortas de frambuesa fresca y del Presidente Howard W. Hunter en cangrejo de Alaska.

El Presidente Monson también compartió varios ejemplos y anécdotas – que van desde lo inspirado a lo humorístico – por cada uno de los nueve Profetas que sirvió de las décadas de 1918 a 2008.

Varias anécdotas fueron de carácter interactivo personales recordadas por el Presidente Monson, tales como su llamado al Apostolado en 1963 a la edad de 36 años desde el Presidente McKay y al mismo tiempo del Presidente Lee, su presidente de Estaca de su adolescencia – amablemente se unió al brindarle una bendición del sacerdocio a su hijo antes de la cirugía por un tumor en su pierna.

El Presidente Monson preguntó –“¿Qué podemos aprender de los Presidentes que he conocido y que hoy he visitado con Ustedes? Podemos aprender que ellos nunca han cambiado, nunca vacilaron, nunca no se pudo, ellos eran hombres de Dios”.

El incluyó en la ecuación –“Sigámosle a Él. El ha enviado a Presidentes de la Iglesia para que podamos tener como guía y a quién podemos seguir”.

El Presidente Monson no quiso hacer mucha mención de sí mismo, describiéndose al decir –“Como el décimo sexto Presidente de la Iglesia, mi historia todavía no se resume y se hará por aquellos que me sigan. Mientras tanto, comprometo mi vida, mi fuerza y todo lo que puedo ofrecer – para servir al Señor al dirigir los asuntos de Su Iglesia, de conformidad con Su voluntad y Su inspiración”.

Fuente: Pendón Sud
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CREENCIAS SUD

El Rincón Sud les trae en esta ocasión un hermoso vídeo en donde se relatan en forma breve, precisa y entendible las creencias de los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Puedo decirles que es un excelente vídeo, al cual debemos prestarle mucha atención ya que nos sirve mucho para poder saber como explicar nuestras creencias a aquellas personas que no son miembros de la Iglesia.




Ver también:
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TESTIGOS ESPECIALES DE CRISTO PRESIDENTE GORDON B. HINCKLEY

En esta ocasión quiero traerles un hermoso video, de aquellos que nos traen un poco de nostalgia. Este video es el testimonio de nuestro amado profeta Gordon B. Hinckley, en donde comparte su testimonio de la primera visión.

Les invito a que puedan disfrutar de nuestro amado amigo y profeta que tanto nos enseñó y guió en este camino de regreso a nuestro Padre.


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