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El próximo domingo 01 de Noviembre de 2009 se celebrará una Charla Fogonera
para los jóvenes adultos solteros de la Iglesia, esta se llevará a cabo desde el
campus de las Universidad de Brigham Young, en Provo, Utha. El orador de la reunión será el Presidente Dieter F. Uchtdorf 2° Consejero de la Primera Presindencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
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El pasado domingo 13 de Septiembre de 2009 se realizón la transmisión de la Charla Fogonera para los Jóvenes Adultos Solteros de la Iglesia.Para aquellos que no pudieron participar en vivo de esta reunión, pueden disfrutar de la misma de manera Online desde el sitio de transmisiones de la Iglesia.
En diciembre estará disponible el texto en español de este mensaje, ni bien esté publicado lo pondremos a disposición de todos en el Blog.
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Mis queridos y jóvenes amigos, el espíritu que llena esta reunión, aquí, en el Centro Marriott de la Universidad Brigham Young y en cientos de otros lugares por todo el mundo, refleja la fortaleza, la devoción y la bondad de ustedes. ¡Cuán agradecido estoy por estar con ustedes esta noche! Al verles recuerdo las palabras que escribió el poeta Henry Wadsworth Longfellow:
¡Hermosa juventud, de brillante resplandor,
de ilusiones, aspiraciones y sueños de fervor!
Libro de comienzos, de historia sin fin,
¡Una heroína en toda joven, y en todo hombre un amigo afín!.
Además de ustedes, me complace estar con integrantes de mi familia esta noche.
Hace poco, volví a leer uno de mis libros preferidos de hace mucho tiempo, escrito por Charles Dickens, titulado Grandes esperanzas. Los que lo hayan leído recordarán que Dickens habla de un jovencito llamado Philip Pirrip, conocido como “Pip”. El pequeño Pip era huérfano y no recordaba haber visto jamás ni a su padre ni a su madre. Sus deseos eran típicos de un niño: deseaba con toda el alma ser erudito, ser caballero y ser menos ignorante; sin embargo, parecía que lo que ambicionaba y lo que esperaba estaban condenados al fracaso, hasta que un día un abogado de Londres, de apellido Jaggers, se acercó al pequeño Pip y le dijo que un benefactor desconocido le había legado una fortuna. Entonces, el abogado dijo que el pequeño Pip era un “muchacho de grandes esperanzas”.
Hoy, al contemplar quiénes son ustedes y lo que son, en quiénes se pueden convertir y lo que pueden llegar a ser, les digo, como el abogado le dijo a Pip: tienen grandes esperanzas —no por causa de un benefactor desconocido, sino merced a Uno conocido, nuestro Padre Celestial, y se esperan grandes cosas de ustedes.
Prepárense para la carrera de la vida
Muchos de ustedes ya casi finalizan su educación formal (cuando eso ocurra todos celebraremos); otros todavía tienen por delante más períodos de preparación académica, pero todos se encuentran en lo que se podría llamar la carrera de la vida.
El autor del libro Eclesiastés escribió: “Ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes” (Eclesiastés 9:11), sino de los que perseveran hasta el fin. La carrera de la vida es tan importante, el premio tan valioso, que, forzosamente, se debe hacer mucho hincapié en la importancia de prepararse de manera apropiada y exhaustiva.
Cuando meditamos en la naturaleza eterna de nuestras decisiones, la preparación es un elemento indispensable de nuestra vida. Llegará el día en que dirijamos la mirada hacia nuestra época de preparación y estemos agradecidos por habernos empeñado debidamente.
Hace muchos años, antes de ser llamado al Quórum de los Doce, tuve la oportunidad de dar un discurso en una convención de negocios en Dallas, Texas, conocida como “la ciudad de las iglesias”. Después de la convención, hice un recorrido turístico en un autobús que iba por las afueras de la ciudad. A medida que pasábamos por las hermosas iglesias, nuestro conductor comentaba: “A la izquierda pueden ver la iglesia metodista” o “Allí, a la derecha, se encuentra la catedral católica”. Cuando pasamos por un hermoso edificio de ladrillo rojo, situado sobre una colina, el conductor nos informó: “En ese edificio se reúnen los mormones”.
Se escuchó la voz de una mujer que, desde el fondo del autobús, preguntó: “Señor, ¿puede decirnos algo acerca de los mormones?”. El conductor detuvo el autobús cerca de la acera, se dio vuelta y respondió: “Señora, todo lo que sé acerca de los mormones es que se reúnen en ese edificio de ladrillo rojo. ¿Hay alguien en este autobús que sepa algo acerca de los mormones?”.
Busqué en las expresiones de cada persona alguna señal de que supieran algo, que tuvieran algún deseo de comentar. No encontré nada, ni una sola señal. Entonces descubrí cuán ciertas son las siguientes palabras: “Cuando llega el momento de decidir, el tiempo de prepararse ya pasó”. Durante los quince minutos que siguieron, tuve el privilegio de dar, como dijo Pedro, una “razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). En aquel momento, llegué a valorar mucho más la preparación.
De hecho, mis jóvenes amigos, el período de preparación de ustedes no comenzó el día en que entraron en su primera clase de educación superior. Comenzó mucho antes de que vinieran a esta tierra, cuando vivíamos como hijos espirituales de nuestro Padre Celestial. Estoy tan agradecido de que, en Su sabiduría, Él nos haya dado un registro, en el libro de Abraham, en el cual se nos dice algo acerca de esa época de nuestra existencia:
“Y el Señor me había mostrado a mí, Abraham, las inteligencias que fueron organizadas antes que existiera el mundo; y entre todas éstas había muchas de las nobles y grandes;
“y vio Dios que estas almas eran buenas, y estaba en medio de ellas, y dijo: A éstos haré mis gobernantes; pues estaba entre aquellos que eran espíritus, y vio que eran buenos; y me dijo: Abraham, tú eres uno de ellos; fuiste escogido antes de nacer.
“Y estaba entre ellos uno que era semejante a Dios, y dijo a los que se hallaban con él: Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos de estos materiales y haremos una tierra sobre la cual éstos puedan morar;
“y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare;
“y a los que guarden su primer estado les será añadido; y aquellos que no guarden su primer estado no tendrán gloria en el mismo reino con los que guarden su primer estado; y a quienes guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás” (Abraham 3:22--26).
Después, en la sabiduría de nuestro Padre Celestial, ustedes y yo nacimos en esta tierra, donde nos recibieron familias amorosas.
Hago una pausa para comunicarles cuánto oran sus familias por ustedes. Ellos se preocupan por ustedes y se preguntan cómo les va. Les aman tanto. No los desilusionen.
El Señor nos dice en Doctrina y Convenios que durante los primeros ocho años de nuestra vida, no le es dado poder a Satanás para tentarnos por ser niños pequeños (véase D. y C. 29:46--47). Tuvimos una ventaja de ocho años sobre Lucifer.
El Señor le dio esta información al profeta José Smith allá por el año 1830. En nuestra época, un erudito y científico social de renombre, el doctor Glenn Doman —quien casi por seguro nunca escuchó la revelación citada—, ha llegado a la conclusión, mediante su investigación, de que “un niño recién nacido es casi exactamente igual que [una] computadora, aunque superior a ella en casi todos los sentidos.
“Lo que se introduce en la mente de un niño durante los primeros ocho años de vida es muy probable que nunca se borre. Si ingresan información errónea en su cerebro durante ese período, es sumamente difícil borrarla”. Él creía que el período más receptivo de la vida de una persona es la edad de dos o tres años.
Ustedes podrían preguntarse: “¿Por qué pone énfasis en esto el presidente Monson? El período de los primeros ocho años de aprendizaje hace tiempo que se nos terminó”. Sin embargo, ustedes, mis hermanos y hermanas, serán padres algún día y querrán enseñarles a sus hijos y a las generaciones futuras sobre la importancia de esos primeros ocho años.
Cuando pienso en algunas de las cosas que seguramente ustedes y yo hicimos de niños, de adolescentes y de jóvenes adultos, a veces considero que es una maravilla que nuestros padres hayan sobrevivido; ni hablar de que hayan conservado la cordura. Una mujer que había tenido una mañana muy difícil mientras trataba de mantener a sus hijos bajo control sintió que estaba a punto de perder sus cabales.
Su hijo pequeño, Matthew, se le acercó y, con una actitud alegre, dijo: “Mamá, ¿te acuerdas de ese jarrón que tu abuela le dio a tu madre y que ella te dio a ti, y que siempre estás preocupada pensando que lo voy a romper?”
“Sí”, dijo ella.
“Bueno”, dijo Matthew, “¡ya puedes dejar de preocuparte!”
Prepárense en lo académico
Ustedes, mis hermanos y hermanas, han comenzado otro gran período de preparación para que puedan capacitarse para la carrera de la vida. Me refiero a la preparación académica. Es importante, porque es aquí donde aprendemos las lecciones que nos ayudarán a estar a la altura de las dificultades de este mundo cambiante en el que vivimos.
Tan sólo algunas generaciones atrás, si alguien aspiraba a un puesto de responsabilidad en el mundo de los negocios, probablemente el jefe de personal le preguntara: “¿Está dispuesto a trabajar mucho? ¿Goza de buena salud?”. Y si las respuestas a esas preguntas eran afirmativas, lo más probable era que lo contrataran.
Éste, por supuesto, no es el caso en la actualidad. Suponiendo que elijan nuestro currículum —que, por lo general, se envía por Internet— para una entrevista en persona, el director de recursos humanos de esta época hará preguntas como: ¿Qué clase de título recibió? ¿Qué puede aportar a nuestra compañía? ¿Qué programas informáticos conoce bien?
Hagan el esfuerzo
Hace muchos años, tuve la oportunidad de enseñar a nivel universitario y recuerdo que algunos alumnos parecían saber bien hacia dónde iban. Eran aplicados, tenían objetivos, tenían metas y se esforzaban por avanzar para lograrlos, pero otros no tenían ningún interés. Parecían estar a la deriva en un mar de posibilidades arriesgadas, donde las olas del fracaso amenazaban con sepultarlos. Primero, se volvían perezosos; luego, se desanimaban; más tarde, se volvían indiferentes; y, por último, no completaban los estudios.
Uno de los alumnos que abandonó los estudios regresó a casa para hablar con su madre y le dijo: “Mamá, dejé la escuela. Voy a salir al mundo y me las voy a arreglar yo solo”. Armó su maleta y salió a enfrentar la vida. Cuando ya llevaba tres semanas enfrentando la vida, llamó a su madre. “Mamá”, dijo, “¿te acuerdas que cuando me fui me dijiste que si dejaba los estudios no podría conseguir un empleo? Bueno, estabas equivocada; apenas hace tres semanas que me fui ¡y ya he tenido seis trabajos!”.
Para la búsqueda de la excelencia, es indispensable hacer un esfuerzo genuino. Recuerden que “el que siembra escasamente, segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente segará” (2 Corintios 9:6).
La vida es un mar en el cual se humilla al orgulloso, queda expuesto el haragán y se descubre al líder. Para navegar por él a salvo y llegar al puerto deseado, deben mantener sus cartas de navegación a mano y actualizadas. Deben aprender mediante la experiencia de otras personas, ser firmes en sus principios, ampliar sus intereses, comprender el derecho que tienen los demás de navegar por el mismo mar y ser confiables en el cumplimiento de sus deberes.
El esfuerzo que dediquen a los estudios tendrá un efecto notable en las oportunidades que se les presenten cuando terminen de estudiar. Al esforzarse por lograr una buena nota, no subestimen la importancia de realmente aprender a pensar. Henry Ford, el gran empresario industrial, dijo: “Un hombre culto no es el que ha adiestrado su memoria para recordar algunas fechas de la historia, sino aquel que puede lograr resultados. El hombre que no sabe pensar no es un hombre culto, no importa cuántos títulos haya obtenido. Pensar es la tarea más difícil que cualquier persona pueda realizar; probablemente sea ésa la razón por la cual tenemos tan pocos pensadores”.
Prepárense espiritualmente
Mucho más importante que el período de preparación académica es el tema de la preparación espiritual. Debemos obtener nuestro propio testimonio del evangelio de Jesucristo, el cual será un ancla para nuestra alma.
Durante esta época inquisitiva e incierta de su vida, algunos de ustedes quizá se pregunten lo mismo que Pilato, el gobernador de Judea en los tiempos de Cristo: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38). Y, una vez más, acudimos a la guía que nos dan las revelaciones:
“Y lo que no edifica no es de Dios, y es tinieblas.
“Lo que es de Dios es luz” (D. y C. 50:23--24).
Miles de almas honradas e inquisitivas siguen enfrentando la pregunta que tenía José Smith cuando analizaba las declaraciones de las Iglesias de su comunidad en cuanto a quién está en lo cierto y quién está en el error. José dijo:
“En medio de esta guerra de palabras y tumulto de opiniones, a menudo me decía a mí mismo: ¿Qué se puede hacer? ¿Cuál de todos estos grupos tiene razón; o están todos en error? Si uno de ellos es verdadero, ¿cuál es, y cómo podré saberlo?…
“Finalmente llegué a la conclusión de que tendría que permanecer en tinieblas y confusión, o de lo contrario, hacer lo que Santiago aconsejaba, esto es, recurrir a Dios” (José Smith---Historia 1:10, 13).
Y oró. La mejor descripción de los resultados de esa oración es la que ofrecen las propias palabras de José. Ustedes las conocen: “Vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!” (José Smith—Historia 1:17). José escuchó y aprendió. La pregunta había sido contestada.
Para quienes busquen con humildad, no será necesario tropezar ni flaquear en el camino que conduce hacia la verdad, ya que está bien señalado por nuestro Padre Celestial. Primero, debemos tener el deseo de saber por nosotros mismos. Debemos estudiar y orar. Debemos hacer la voluntad del Padre. Y entonces sabremos la verdad, y la verdad nos hará libres. Los que la busquen con humildad recibirán la ayuda de los cielos. Esa es una promesa que yo les hago. Piensen en eso.
Recuerden que la duda y la fe no pueden existir en la mente al mismo tiempo, ya que una disipará la otra. En tanto que la duda destruye, la fe satisface. El tener una actitud de fe nos acerca más a Dios y a Sus propósitos.
El presidente David O. McKay a menudo mencionaba que “la experiencia terrenal del hombre no es más que una prueba para ver si concentra sus esfuerzos, su mente y su alma en las cosas que contribuyan a la comodidad y la satisfacción de su naturaleza física, o si dedica su vida a la adquisición de cualidades espirituales”.
La fe, en cierta forma, implica confiar en la palabra de nuestro Creador, incluso depender de ella.
Si tuvieren dudas, sigan el consejo del presidente Stephen L. Richards, quien fue consejero de la Primera Presidencia y declaró: “Simplemente digan a esos pensamientos escépticos, molestos y rebeldes: ‘Me propongo quedarme con mi fe, con la fe de mi pueblo. Sé que es allí donde se encuentran la felicidad y la alegría y les prohíbo, pensamientos agnósticos y dubitativos, que destruyan la casa de mi fe. Reconozco que no comprendo los procesos de la Creación, pero acepto el hecho de que ocurrió. Acepto que no puedo explicar los milagros de la Biblia, ni tampoco intento hacerlo, pero acepto la palabra de Dios. No estuve con José pero le creo. Mi fe no es fruto de la ciencia y no permitiré que la ciencia la destruya’”.
Al llegar a su fin el período de preparación académica y al embarcarse en la gran carrera de la vida, permítanme darles algunos consejos que los ayudarán a alcanzar sus grandes esperanzas.
Eviten las trampas de la vida
En primer lugar, eviten las trampas que encuentren en el camino. Eviten los desvíos que los privarán de su recompensa celestial. Pueden reconocerlos, si desean hacerlo. Es probable que esas desviaciones se identifiquen con frases como “Si lo hago una sola vez, no tiene importancia” o “Mis padres son tan anticuados”.
Los malos hábitos también pueden ser trampas. En un principio, podemos deshacernos de ellos si queremos; más tarde, nos deshacemos de ellos si podemos. John Dryden, influyente poeta y escritor de obras de teatro inglés del siglo 17, escribió:
Los malos hábitos aumentan sin que nos demos cuenta,
del mismo modo que los arroyos forman ríos y los ríos desembocan en la mar abierta.
Por el contrario, los buenos hábitos son los músculos del alma: cuanto más los usemos, más fuertes llegarán a ser.
Nuestro Padre Celestial nos ha aconsejado que busquemos todo lo “virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza” (Artículos de Fe 1:13). El ser permisivos, la inmoralidad, la pornografía y el poder de la presión social pueden hacer que muchos se zarandeen en un mar de pecado y que choquen contra los dentados escollos de oportunidades perdidas, bendiciones inmerecidas y sueños destrozados.
Cualquier cosa que lean, que escuchen o que miren dejará una huella en ustedes.
Eviten cualquier cosa que se parezca a la pornografía; es peligrosa y adictiva. Si siguen viendo pornografía, su espíritu se volverá insensible y se les corroerá la conciencia.
No tengan miedo de salir del cine, de apagar la televisión ni de cambiar la estación de radio cuando lo que se esté transmitiendo no cumpla con las normas del Padre Celestial. En pocas palabras, si no están seguros de que una película, un libro u otra forma de entretenimiento sea apropiado, no lo miren, no lo lean, no participen de ello.
Perseveren hacia sus metas
Segundo, cuidado con los comienzos ostentosos y las terminaciones que pierden intensidad. Me encanta la sabiduría sencilla que encontramos en este poema sencillo, escrito por un escritor anónimo. En el mundo literario, no creo que sea una obra maestra, pero se entiende el mensaje:
Sé constante en tu tarea hasta que la domines;
Muchos comienzan, pero pocos terminan.
El honor, el poder, la posición y el elogio
Son siempre de aquel que persevera.
Permanece en tu labor hasta que la domines;
Esfuérzate, suda y sonríe ante ella,
Porque del esfuerzo, el sudor y la risa,
recibirás al fin tu victoria.
Esta rima es interesante: “El trabajo ganará y el soñar despierto no trascenderá”. Si estamos dispuestos a trabajar, como resultado obtendremos la capacidad de realizar un esfuerzo continuo para lograr una meta determinada.
Siempre he sido fanático de los deportes. Por mucho tiempo recordaré a un relator en el momento en que alababa el increíble desempeño de Yelberton Abraham Tittle, uno de los grandes mariscales de campo profesionales del fútbol americano de todos los tiempos. Él dijo:
“Ésta será la jugada clave del partido. Tittle va a lanzar el balón desde el centro; se desvía para lanzar, pero su equipo no puede respaldarlo. Parece que el partido ha terminado.
“¡Esperen! ¡Esperen! Tittle ha esquivado a sus oponentes y ha pasado la mitad del campo. Lanza la pelota y ésta llega a la zona de gol; la atrapan y anotan un tanto.
“¡Ése fue un gran esfuerzo extra de Tittle!”.
En el juego de la vida, a menudo se requiere que hagamos un esfuerzo extra. Una vida feliz no hace su entrada con trompetas y redoblantes a ninguna edad. Va creciendo dentro de nosotros año tras año, poco a poco, hasta que, finalmente, nos damos cuenta de que es nuestra. Se logra por medio de mucho trabajo, tan bien hecho que podemos levantar la cabeza, seguros de nosotros mismos, y mirar al mundo a los ojos.
Sigan el ejemplo de Cristóbal Colón. Tomen como ejemplo una hoja del diario que llevó durante su primer viaje. Día tras día, con la esperanza de encontrar una tierra que no encontraban, simplemente escribió: “Hoy seguimos navegando”. La perseverancia se recompensa con ricos frutos.
Ayuden a otros
Tercero, ayuden a otros en su propia carrera de la vida.Recuerden que cuando ayudan a otra persona a subir una montaña, ustedes también se están acercando un poco más a la cima. Traten de ver a su hermano o a su hermana con la perspectiva correcta. Un hombre dijo: “Miré a mi hermano con el microscopio de la crítica y pensé: ‘¡Qué tosco es mi hermano!’.Luego, miré a mi hermano con el telescopio del desdén y dije: ‘¡Qué pequeño es mi hermano!’.Luego, miré el espejo de la verdad y dije: ‘¡Cuán parecido a mí es mi hermano!’”.
La misión del Maestro se caracterizó por su actitud de amor. Él le dio vista al ciego, piernas al cojo y vida a los muertos. Quizá cuando estemos frente a nuestro Hacedor, no nos preguntará: “¿Cuántos puestos tuviste?”, sino “¿A cuántas personas ayudaste?”. En realidad, nunca podrán amar al Señor hasta que no lo sirvan al servir a Su pueblo.
Procuren la ayuda del Señor
Cuarto y último, busquen la ayuda del Señor.Las almas son de muchísimo valor: tanto las de ustedes como la mía. El mismo Padre Celestial lo ha dicho.
Recuerden que no estamos corriendo solos en esta gran carrera de la vida; tenemos derecho a la ayuda del Señor. El apóstol Pablo exhortó a los hebreos de la siguiente manera:
“Despojémonos… del pecado…, corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
“puestos los ojos [en un ejemplo, o sea,] en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:1--2).
Antes de que podamos tomarlo como compañero, antes de que podamos seguirlo como guía, debemos encontrarlo, y para ello me gustaría sugerir que antes que nada debemos hacerle un espacio en nuestra vida. Él dijo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (Mateo 8:20).
El médico Lucas describió así la escena del nacimiento de Cristo: ““Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lucas 2:7).
La invitación del Señor es para cada uno de nosotros. Piensen que el Señor se está dirigiendo a ustedes personalmente: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él [y yo agregaría, a ella]” (Apocalipsis 3:20).
Mis jóvenes hermanos y hermanas, hagan un espacio para el Señor en su hogar y en su corazón, y Él será su compañero. Él estará a su lado. Él les enseñará el camino de la verdad. Con Su ayuda, y con la preparación de la que he hablado, pueden seguir adelante en esta carrera de la vida y alcanzar sus grandes esperanzas. Entonces, cuando todo termine, podrán decir: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7).
Si lo hacen, recibirán las bendiciones del cielo. Aquél que está al tanto de la caída de un pajarillo reconocerá, a Su manera, nuestro servicio.
Permítanme compartir con ustedes una experiencia que refleja esta promesa.
El hermano Edwin Q. Cannon, hijo ---le llamamos Ted--- fue misionero en Alemania en 1938. Amó a la gente y sirvió fielmente. Al terminar su misión, regresó a casa en Salt Lake City, contrajo matrimonio y comenzó su propio negocio.
Pasaron cuarenta años. Un día, el hermano Cannon vino a mi oficina y me dijo que había estado deshaciéndose de algunas de las fotos de su misión. (Deshacerse es una buena palabra, puesto que uno las revisa, se desprende de dos o tres fotografías y guarda el resto.) Entre las fotos que había guardado desde el tiempo de su misión, había varias que no sabía exactamente de qué eran. Cada vez que se proponía desecharlas, recibía la impresión de guardarlas, aunque no sabía por qué. Eran fotografías que había tomado el hermano Cannon durante su misión, cuando sirvió en Stettin, Alemania, y eran de una familia compuesta por una madre, un padre y dos pequeños: una niña y un niño. Sabía que su apellido era Berndt, pero no recordaba nada más acerca de ellos. Me dijo que tenía entendido que había un hermano Berndt que era líder de la Iglesia en Alemania, y pensó, aunque la posibilidad era remota, que este Berndt podía tener algún parentesco con los Berndt que habían vivido en Stettin y que aparecían en la fotografía. Antes de deshacerse de las fotos, pensó en preguntarme a mí.
Le dije al hermano Cannon que en poco tiempo iría a Berlín, donde pensaba ver a Dieter Berndt, el mencionado líder de la Iglesia, y que le mostraría las fotografías para averiguar si había algún parentesco y preguntarle si las quería. También existía la probabilidad de que viera a la hermana del hermano Berndt, que estaba casada con Dietmar Matern, un presidente de estaca de Hamburgo.
El Señor no permitió siquiera que llegara a Berlín para hacer cumplir Sus propósitos. Me encontraba en Zúrich, Suiza, tomando el vuelo hacia Berlín, cuando Dieter Berndt subió al avión. Se sentó a mi lado y le dije que tenía algunas fotografías viejas de algunas personas de apellido Berndt, de Stettin. Se las entregué y le pregunté si se daba cuenta de quiénes eran las personas que aparecían en las fotografías. Mientras las miraba atentamente, comenzó a derramar lágrimas. Él dijo: “Nuestra familia vivía en Stettin durante la guerra. Mi padre murió cuando una bomba de los aliados explotó en la planta donde él trabajaba. Poco tiempo después, los rusos invadieron Polonia y la zona de Stettin. Mi madre nos tomó a mi hermana y a mí y huimos del enemigo que avanzaba. Tuvimos que dejar nuestras pertenencias, entre ellas todas las fotografías que teníamos. Hermano Monson, yo soy el pequeñito que aparece en estas fotos y mi hermana es la niñita. El hombre y la mujer son nuestros queridos padres. Hasta el día de hoy, no tenía fotografías de nuestra infancia en Stettin, ni de mi padre”.
Enjugando mis propias lágrimas, le dije al hermano Berndt que las fotografías eran suyas. Él las puso en su portafolio con mucho cuidado y cariño.
Durante la conferencia general que siguió a ese acontecimiento, Dieter Berndt viajó a Salt Lake City y fue a visitar al hermano Edwin Cannon, hijo, y a su esposa, para expresarles en persona su agradecimiento por lo inspirado que había sido el hermano Cannon al guardar esas fotografías tan preciadas y por seguir la inspiración de no deshacerse de ellas durante cuarenta años.
William Cowper escribió estas líneas:
Con maravillas obra Dios,
en la profundidad;
calma la fiera tempestad
y pasa por la mar…
Pues no debéis a Dios juzgar.
mas sí, confiad en Él;
tras sombras de oscuridad,
sonríe con amor.
Este testimonio les doy: que Dios vive, que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios Viviente, que Él es nuestro Hermano Mayor; Él es nuestro Redentor y nuestro Salvador; Él es el autor de las grandes esperanzas de ustedes.
Les dejo mi bendición; les expreso mi amor. Ustedes son una generación escogida con grandes esperanzas. Que el Padre Celestial los guíe y los bendiga siempre, y que ustedes siempre se esfuercen por alcanzar esas grandes esperanzas, es mi ruego, en el nombre de Jesucristo. Amén.
© 2008 por Intellectual Reserve, Inc. Todos los derechos reservados. Aprobación del inglés: 10/08. Aprobación de la traducción: 10/08. Traducción de Grandes esperanzas. Spanish. PD50013401 002
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Charla fogonera para jóvenes adultos • 3 de mayo de 2009 • Universidad Brigham Young Idaho
Hermanos y hermanas, los amo y agradezco estar con ustedes. Doy una bienvenida especial a los que están en su último año de seminario y que están asistiendo a una transmisión del SEI por primera vez. A medida que continúen con sus estudios, los exhorto a que se inscriban en las clases de instituto y que participen activamente en ellas a fin de aprovechar plenamente las oportunidades que tendrán de aprender y de progresar espiritualmente. En el futuro también podrán asistir a charlas del SEI que los fortalecerán y bendecirán.
Al estar esperando esta oportunidad de aprender con ustedes esta noche y al prepararme para ella, he llegado a comprender mejor los fuertes sentimientos que tuvo Jacob, el hermano de Nefi, cuando dijo: “…hoy me agobia el peso de un deseo y afán… por el bien de vuestras almas” (Jacob 2:3). El mensaje que deseo compartir con ustedes esta noche se ha destilado con el tiempo sobre mi alma como rocío del cielo (véase D. y C. 121:45). Les invito a que pongan mucha atención a un tema de gran seriedad que tiene implicaciones tanto inmediatas como eternas. Es mi oración que el Espíritu Santo esté con nosotros y que nos enseñe en este tiempo que estaremos juntos.
Desde hace tiempo me ha impresionado la definición sencilla y clara de la verdad que se da en el Libro de Mormón: “…el Espíritu habla la verdad, y no miente. Por tanto, habla de las cosas como realmente son, y de las cosas como realmente serán; así que estas cosas nos son manifestadas claramente para la salvación de nuestras almas” (Jacob 4:13; véase también D. y C. 93:24).
Esta noche nos concentraremos en el primer elemento principal de la verdad que se identifica en este versículo: las cosas como realmente son. Primero repasaremos varios elementos clave del plan de felicidad de nuestro Padre Celestial como la base doctrinal para conocer y comprender las cosas como realmente son. Entonces consideraremos los métodos de ataque que utiliza el adversario para distraernos de las cosas como realmente son o inhibir nuestra capacidad de discernirlas. Y finalmente, hablaremos de las responsabilidades que tienen ustedes como la nueva generación. Será necesario que sean obedientes, que honren convenios sagrados y que constantemente logren discernir las cosas como realmente son en el mundo actual que es cada vez más confuso y perverso.
Nuestro destino divino
En “La familia: Una proclamación para el mundo”, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles declaran que como hijos e hijas espirituales de Dios, “acepta[mos] Su plan por el cual obtendría[mos] un cuerpo físico y ganaría[mos] experiencias terrenales para progresar hacia la perfección y finalmente cumplir [nuestro] destino divino como herederos de la vida eterna” (“La familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona, octubre de 2004, pág. 49; o Liahona, enero de 1996, pág. 116). Ahora bien, observen la importancia primordial de obtener un cuerpo físico en el proceso de progresar hacia nuestro destino divino.
El profeta José Smith enseñó con claridad la importancia del cuerpo físico:
“Vinimos a esta tierra para tener un cuerpo y presentarlo puro ante Dios en el reino celestial. El gran principio de la felicidad consiste en tener un cuerpo. El diablo no lo tiene y ése es su castigo; él está contento cuando puede obtener el tabernáculo del hombre; y cuando fue expulsado por el Salvador, le pidió que lo dejara ir a una manada de cerdos, demostrando que prefería ocupar el cuerpo de un cerdo que no tener ninguno. Todos los seres que tienen un cuerpo poseen potestad sobre los que no lo tienen”. “El diablo no tiene poder sobre nosotros sino hasta donde se lo permitimos. El momento en que nos rebelamos contra cualquier cosa que viene de Dios, el diablo ejerce su dominio”.1
Nuestro cuerpo físico hace posible que tengamos una amplitud, profundidad e intensidad de experiencia que sencillamente no podríamos obtener en nuestra existencia preterrenal. El presidente Boyd K. Packer enseñó: “El cuerpo y el espíritu se combinan de tal forma que el cuerpo se convierte en el instrumento de la mente y en el fundamento de nuestro carácter”.2 Por tanto, nuestra relación con otras personas, nuestra capacidad de reconocer la verdad y de actuar de conformidad con ella, y nuestra aptitud para obedecer los principios y las ordenanzas del evangelio de Jesucristo se aumentan mediante el cuerpo físico. En la escuela de la vida terrenal, experimentamos ternura, amor, bondad, felicidad, pesar, desilusión, dolor e incluso los desafíos de las limitaciones físicas en formas que nos preparan para la eternidad. Dicho en forma más sencilla, hay lecciones que debemos aprender y experiencias que debemos tener, tal como las Escrituras lo describen, “según la carne” (véase 1 Nefi 19:6; Alma 7:12--13).
Los apóstoles y los profetas constantemente han enseñado en cuanto a la importancia terrenal y eterna del cuerpo. Pablo declaró:
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
“Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:16--17).
Y en esta dispensación el Señor reveló que “el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre” (D. y C. 88:15). Una verdad que siempre es y siempre será, es que el cuerpo y el espíritu constituyen nuestra realidad e identidad. Cuando el cuerpo y el espíritu están inseparablemente conectados, podemos recibir una plenitud de gozo; cuando están separados, no podemos recibir tal bendición (véase D. y C. 93:33--34).
El plan del Padre está diseñado para brindar dirección a Sus hijos, para ayudarles a llegar a ser felices, y para llevarlos a salvo hasta Él con cuerpos resucitados y exaltados. Lucifer se esfuerza por hacer que los hijos y las hijas de Dios estén confusos e infelices y por entorpecer su progreso eterno. La intención predominante del padre de las mentiras es que todos seamos “miserables como él” (2 Nefi 2:27, y se empeña por distorsionar los elementos que más odia del plan del Padre.
Satanás no tiene cuerpo, y su progreso eterno se ha detenido. Tal como un dique detiene el agua que fluye en el lecho de un río, de la misma manera el progreso eterno del adversario se frustra debido a que no tiene un cuerpo físico. Como resultado de su rebelión, Lucifer se ha negado a sí mismo todas las bendiciones y experiencias terrenales que son posibles mediante un tabernáculo de carne y huesos. No puede aprender las lecciones que sólo un espíritu encarnado puede aprender. No puede casarse ni disfrutar las bendiciones de la procreación y de la vida familiar. No puede soportar la realidad de la resurrección literal y universal de todo el género humano. Uno de los poderosos significados en las Escrituras de la palabra condenado se ilustra en la incapacidad que él tiene de seguir desarrollándose y de llegar a ser semejante a nuestro Padre Celestial.
Ya que el cuerpo físico es un elemento tan esencial del plan de felicidad del Padre y de nuestro progreso espiritual, no nos debe sorprender que Lucifer procure frustrar nuestro progreso, para lo cual nos tienta a utilizar el cuerpo de manera inapropiada. Una de las mayores ironías de la eternidad es que el adversario, que es infeliz precisamente porque no tiene cuerpo físico, nos invita y nos induce a compartir su miseria mediante el uso inapropiado de nuestro cuerpo. Por lo tanto, la herramienta que él mismo no tiene y no puede utilizar es el objetivo principal de sus intentos por seducirnos hacia la destrucción física y espiritual.
Los ataques del adversario
El adversario procura influir en nosotros tanto para que utilicemos de manera incorrecta nuestro cuerpo como para que no le demos la importancia que tiene. Es importante que reconozcamos estos dos métodos de ataque y que los rechacemos.
Cuando cualquiera de los hijos de nuestro Padre Celestial hace uso indebido de su tabernáculo físico al violar la ley de castidad, al consumir drogas o substancias adictivas, al desfigurarse y deformarse a sí mismo, o cuando adora el ídolo falso de la apariencia física, ya sea la propia o la de los demás, Satanás se llena de alegría. Para aquellos que sabemos y entendemos el plan de salvación, cualquier tipo de profanación del cuerpo constituye una rebelión (véase Mosíah 2:36--37; D. y C. 64:34--35) y un rechazo de nuestra verdadera identidad como hijos e hijas de Dios.
Hermanos y hermanas, no me sería posible decirles todas las formas en que podrían hacer uso incorrecto de su cuerpo, “porque hay varios modos y medios, tantos que no puedo enumerarlos” (Mosíah 4:29). Ustedes saben lo que está bien y lo que está mal, y tienen la responsabilidad individual de aprender por sí mismos “tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118) las cosas que deben y que no deben hacer y las razones doctrinales de por qué deben o no deben hacerlas. Les testifico que a medida que deseen aprender, “cuidá[ndose] a vosotros mismos, y vuestros pensamientos, y vuestras palabras y vuestras obras, y si… observáis los mandamientos de Dios… [y] perseveráis en la fe de lo que habéis oído concerniente a la venida de nuestro Señor, aun hasta el fin de vuestras vidas” (Mosíah 4:30), recibirán luz espiritual y serán protegidos. Y de conformidad con su fidelidad y diligencia, tendrán el poder de discernir la decepción y rechazar los ataques del adversario cuando él los tiente a utilizar de forma inadecuada su cuerpo físico.
Satanás también se esfuerza por inducir a los hijos y a las hijas de Dios a restarle importancia a su cuerpo físico. Este tipo de ataque en particular es muy diabólico y sutil. Quisiera dar varios ejemplos de cómo el adversario nos puede pacificar y adormecer con seguridad carnal (véase 2 Nefi 28:21) y alentarnos a arriesgar las experiencias de aprendizaje terrenales que hicieron que nos regocijáramos (véase Job 38:7) en la existencia preterrenal.
Por ejemplo, todos podemos disfrutar de participar en una amplia gama de actividades sanas, amenas e interesantes; pero le restamos importancia a nuestro cuerpo y ponemos en peligro nuestro bienestar físico cuando nos vamos a extremos peligrosos e insólitos en busca de una mayor y más emocionante infusión de adrenalina. Podemos buscar explicaciones racionales de que seguramente no hay nada de malo con estas aparentemente inocentes hazañas y aventuras. Sin embargo, el arriesgar el instrumento mismo que Dios nos ha dado para recibir las experiencias de aprendizaje de la vida terrenal ---simplemente para ir en busca de una emoción o supuesta diversión, para alimentar nuestro ego o para sentirnos aceptados--- realmente le resta importancia a nuestro cuerpo físico.
Tristemente, algunos jóvenes y jovencitas de la Iglesia en la actualidad hacen caso omiso de “las cosas como realmente son” y descuidan las relaciones eternas a causa de las distracciones, diversiones y desvíos digitales que no tienen valor perdurable. Me da muchísima pena cuando una pareja joven, que se ha sellado en la Casa del Señor por esta vida y por toda la eternidad por el poder del Santo Sacerdocio, tiene problemas matrimoniales a causa del efecto adictivo de jugar videojuegos o de socializar por internet en forma excesiva. Un joven o una jovencita puede desperdiciar un sinnúmero de horas, posponer o abandonar la formación académica o vocacional, y finalmente sacrificar preciadas relaciones humanas a causa de juegos en video y en Internet que adormecen la mente y el espíritu. Tal como el Señor declaró: “ … por tanto, les doy este mandamiento: No desperdiciarás tu tiempo, ni esconderás tu talento en la tierra para que no sea conocido” (D. y C. 60:13).
Quizá se estén preguntado: “Pero hermano Bednar, usted comenzó su discurso esta noche hablando de la importancia del cuerpo físico en el progreso eterno. ¿Está acaso sugiriendo que el jugar videojuegos y que los diferentes tipos de comunicación por medio de computadoras pueden jugar un papel en restarle importancia a nuestro cuerpo físico?”. Eso es precisamente lo que estoy declarando. Permítanme explicar:
Vivimos en una época en que la tecnología se puede utilizar para reproducir la realidad, para exagerar la realidad, y para crear una realidad virtual. Por ejemplo, un médico puede utilizar simulación por medio de software para obtener experiencia valiosa en la realización de una operación quirúrgica complicada, sin necesidad de poner en riesgo al paciente humano. Un piloto en un simulador de vuelo puede practicar repetidas veces procedimientos de aterrizaje de emergencia que podrían salvar la vida de muchos. Y los arquitectos e ingenieros pueden usar tecnologías innovadoras a fin de modelar sofisticados métodos de diseño y de construcción que reduzcan la pérdida de vidas humanas y de daños a edificios causados por terremotos y otros desastres naturales.
En cada uno de estos ejemplos, un alto nivel de fidelidad en la simulación o el modelo contribuye a la eficacia de la experiencia. El término fidelidad indica la similitud entre la realidad y la representación de la realidad. Tal simulación puede ser constructiva si la fidelidad es alta y los propósitos son buenos; por ejemplo, brindar una experiencia que salve vidas o que mejore la calidad de vida.
Ésta, e imágenes similares, se utilizan como parte del proceso de planificación y diseño de cada uno de los templos nuevos que se construyen. La representación muestra telas, mobiliario, accesorios, iluminación, escala y proporción a fin de demostrar la forma en que cada componente se verá y se sentirá cuando se termine. En esencia, todo el templo y sus elementos están diseñados hasta el más mínimo detalle aun antes de que se inicie la construcción.
En cada uno de estos ejemplos, la alta fidelidad se utiliza para lograr un importantísimo propósito: el diseño y la construcción de un hermoso y sagrado templo. Sin embargo, una simulación o modelo puede llevar al perjuicio y peligro espiritual si la fidelidad es alta y los propósitos son malos, tales como experimentar con acciones contrarias a los mandamientos de Dios o inducirnos a pensar o hacer cosas, “porque es sólo un juego”, que normalmente no pensaríamos ni haríamos.
El día de hoy elevo una voz apostólica sobre el posible impacto opresivo, sofocante, represivo y limitante de algunos tipos de interacciones y experiencias ciberespaciales en nuestra alma. Las inquietudes de las que hablo no son nuevas; se aplican igualmente a otros tipos de medios de comunicación, tales como la televisión, las películas y la música. Pero en un mundo cibernético, estos desafíos son más comunes e intensos. Les ruego que se guarden de la influencia de las tecnologías ciberespaciales que se utilizan para producir alta fidelidad y que promueven propósitos degradantes y perversos, lo cual entorpece los sentidos y destruye al espíritu.
Si el adversario no logra inducirnos a utilizar incorrectamente nuestro cuerpo físico, entonces una de sus tácticas más poderosas es engañarnos a ustedes y a mí, que tenemos espíritus encarnados, para que nos desconectemos gradualmente y físicamente de las cosas como realmente son. En esencia, nos alienta a pensar y a actuar como si estuviéramos en un estado preterrenal, sin cuerpo. Y si lo dejamos, puede astutamente emplear algunos aspectos de la tecnología moderna para lograr sus propósitos. Por favor tengan cuidado de no sumergirse y enfrascarse tanto en los pixeles, en los mensajes de texto, en los auriculares, en Twitter y en las redes sociales de Internet y en los potencialmente adictivos usos de los medios de comunicación y de Internet al punto que no reconozcan la importancia de su cuerpo físico y que se pierdan de la riqueza de la comunicación de persona a persona. Cuídense de las muchas formas de interacciones por computadora cuyas imágenes e información pueden tomar el lugar de la amplia gama de capacidades y experiencias físicas.
Por favor escuchen con atención las siguientes palabras que describen una intensa relación romántica que una mujer tuvo con un pretendiente del ciberespacio. Y observen cómo el medio de comunicación le restó importancia al cuerpo físico. “Así que PFSlider (el nombre de usuario del hombre) se convirtió en mi vida diaria. Todo lo tangible se disipó. Mi cuerpo no existía; no tenía piel, ni cabello ni huesos. Todo deseo se había convertido en una corriente cerebral que no llegaba más allá de mi lóbulo frontal. No había naturaleza, ni vida social, ni clima. Sólo existía la pantalla de la computadora y el teléfono, mi silla, y a lo mejor un vaso de agua”.3
Ahora bien, como contraste, debemos prestar atención a la admonición de Pablo: “que cada uno de vosotros sepa tener su propi[o] [vaso] en santidad y honor” (1 Tesalonicenses 4:4).
Consideren nuevamente el ejemplo que mencioné anteriormente de una pareja joven recién casada en la Casa del Señor. Un cónyuge inmaduro o insensato quizá dedique una cantidad exorbitante de tiempo a jugar videojuegos, a chatear en Internet o a permitir en otras formas que lo digital domine las cosas como realmente son. Al principio la inversión de tiempo quizá parezca relativamente inofensiva, justificándola como unos cuantos minutos de alivio necesario de las exigencias de un día ajetreado. Pero se pierden oportunidades importantes de desarrollar y mejorar las habilidades interpersonales, de reír y llorar juntos, y de crear un lazo profundo y perdurable de intimidad emocional. Progresivamente, la diversión aparentemente inocente puede llegar a convertirse en una forma de esclavización perniciosa.
Sentir el calor de un tierno abrazo de parte de nuestro compañero eterno o ver la sinceridad en los ojos de otra persona al expresar el testimonio ---todas estas cosas vividas tal como realmente lo son y mediante el instrumento de nuestro cuerpo físico--- se podrían sacrificar a cambio de una fantasía de alta fidelidad que no tiene ningún valor perdurable. Si ustedes y yo no estamos alertas, podemos llegar al punto de “deja[r] de sentir” (1 Nefi 17:45), tal como Lamán y Lemuel hace tanto tiempo.
Permítanme darles otro ejemplo de la desconexión gradual y física de las cosas como realmente son. En la actualidad una persona puede entrar a un mundo virtual, tal como el programa cibernético “Second Life”, donde puede asumir una nueva identidad. Una persona puede crear un avatar, o un ciber personaje, que se ajuste a su propia apariencia y comportamiento. O bien, una persona puede inventar una identidad falsa que no se correlacione de ninguna manera con las cosas como realmente son. Por muy aproximada que sea la nueva identidad a la de la persona, tal comportamiento es la esencia de las cosas como realmente no son. Hace unos momentos definí la fidelidad de una simulación o un modelo. Ahora recalco la importancia de la fidelidad personal: la correlación entre la persona real y la identidad asumida y cibernética. Tengan a bien observar la falta de fidelidad personal en el siguiente episodio que se reportó en el diario Wall Street Journal:
Ric Hoogestraat es un “corpulento hombre [de 53 años], con una larga cola de caballo gris, patillas gruesas y bigote canoso estilo Dalí… [Ric pasa] seis horas cada noche y a veces hasta 14 horas a la vez los fines de semana bajo la identidad de Dutch Hoorenbeek, su muscular yo cibernético de 2 metros de alto. El personaje tiene la apariencia de un [Ric] más joven y más en forma.
“Se sienta a la computadora con las persianas cerradas… Mientras su esposa Sue ve televisión en la sala, el Sr. Hoogestraat chatea en Internet con lo que en la pantalla aparenta ser una pelirroja alta y delgada.
“Nunca ha conocido a la mujer fuera del mundo computacional de “Segunda vida”, un mundo digital de fantasía sobre el que se ha escrito mucho… Ni siquiera ha hablado con ella por teléfono. Pero su relación ha tomado dimensiones curiosamente reales. Tienen dos perros, [y] pagan la hipoteca entre los dos y se pasan horas [en su mundo cibernético] de compras en el centro comercial y tomando largos paseos en motocicleta… El lazo que los une es tan fuerte que hace tres meses el Sr. Hoogestraat le pidió a Janet Spielman, la mujer canadiense de 38 años que controla a la pelirroja, que se convirtiera en su esposa virtual.
“La mujer con la que está legalmente casado no le ve la gracia. ‘Es un golpe tremendo’, dice Sue Hoogestraat… quien ha estado casada con el Sr. Hoogestraat durante siete meses”.4
Ahora bien, hermanos y hermanas, por favor entiendan. No estoy sugiriendo que toda la tecnología es intrínsecamente mala; no lo es. Ni tampoco estoy diciendo que no debemos usar sus muchas facultades en formas apropiadas para aprender, comunicar, elevar e iluminar vidas y para edificar y fortalecer la Iglesia; claro que debemos hacerlo. Pero elevo mi voz de amonestación de que no debemos derrochar ni dañar las relaciones auténticas por obsesionarnos con las artificiales. “Cerca del 40% de los hombres y el 53% de las mujeres que juegan juegos en Internet dijeron que sus amigos virtuales eran iguales o mejores que sus amigos reales, de acuerdo con una encuesta que se le hizo a 30 mil video jugadores realizada por… una persona que hace poco recibió su doctorado de la Universidad Stanford. Más de una cuarta parte de los video jugadores [que respondieron indicaron que] el momento emocional más destacado de la semana pasada ocurrió en el mundo de la computadora”.5
Cuán importante, cuán perdurable y cuán oportuna es la definición del Señor de la verdad: las cosas como realmente son. El profeta Alma preguntó: “Luego, ¿no es esto verdadero?” (Alma 32:35). Estaba hablando de luz y bondad tan discernibles que se pueden gustar. Ciertamente, “los que moran en [la] presencia [del Padre]… ven como son vistos, y conocen como son conocidos, habiendo recibido de su plenitud y de su gracia” (D. y C. 76:94).
Mis queridos hermanos y hermanas, ¡tengan cuidado! En la medida en que la fidelidad personal disminuya en las comunicaciones por computadora y los propósitos de dichas comunicaciones sean distorsionadas, pervertidas y malignas, el potencial del desastre espiritual es peligrosamente alto. Les imploro que se alejen inmediata y permanentemente de tales lugares y actividades (véase 2 Timoteo 3:5).
Ahora me gustaría hablar de una característica adicional de los ataques del adversario. Satanás con frecuencia ofrece la ilusión atrayente de la anonimidad. Lucifer siempre ha buscado realizar su obra en secreto (véase Moisés 5:30). Recuerden, sin embargo, que la apostasía no es anónima simplemente porque ocurre en un blog o a través de una identidad falsa en una sala de chat o en un mundo virtual. Los pensamientos, las palabras y los hechos inmorales siempre son inmorales, incluso en el ciberespacio. Los hechos engañosos supuestamente ocultos en lo secreto, tales como descargar música ilegalmente de Internet, o copiar CDs o DVDs para distribuir a amigos y familiares, son de todas maneras engañosos. Todos somos responsables ante Dios, y finalmente seremos juzgados por Él de acuerdo con nuestros hechos y los deseos de nuestro corazón (véase Alma 41:3). “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).
El Señor sabe quiénes realmente somos, lo que realmente pensamos, lo que realmente hacemos y lo que realmente estamos llegando a ser. Nos ha advertido que “los rebeldes serán traspasados de mucho pesar; porque se pregonarán sus iniquidades desde los techos de las casas, y sus hechos secretos serán revelados” (D. y C. 1:3).
Ahora bien, he elevado una voz de amonestación en cuanto a sólo unos cuantos de los peligros espirituales en nuestro mundo tecnológicamente orientado y rápidamente cambiante. Permítanme decirles nuevamente: ni la tecnología ni el cambio rápido es bueno o malo en sí; el verdadero desafío es comprender ambos dentro del contexto del plan eterno de felicidad. Lucifer los alentará a utilizar incorrectamente su cuerpo físico y a restarle la importancia que tiene. Intentará substituir la monotonía de la repetición virtual a cambio de la variedad infinita de las creaciones de Dios y convencernos de que sólo somos cosas mortales sobre las que se debe actuar, en vez de almas eternas bendecidas con el albedrío moral de actuar por nosotros mismos. Engañosamente, incita a los espíritus encarnados a perder las bendiciones y las experiencias de aprendizaje “según la carne” que son posibles mediante el plan de felicidad del Padre y la expiación de Su Hijo Unigénito.
Para su felicidad y protección, les invito a estudiar más diligentemente la doctrina del plan de salvación, y a meditar con espíritu de oración las verdades que hemos examinado. Les ofrezco dos preguntas para su consideración conforme mediten en forma personal y conforme estudien con espíritu de oración:
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1. El uso de las varias tecnologías y medios de comunicación, ¿invitan o impiden la compañía constante del Espíritu Santo en su vida?
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2. El tiempo que pasa haciendo uso de las diferentes tecnologías y medios de comunicación, ¿aumentan o restringen su capacidad de vivir, de amar y de servir en formas significativas?
Recibirán respuestas, inspiración e instrucción del Espíritu Santo que se ajusten a sus circunstancias y necesidades personales. Repito y afirmo la enseñanza del profeta José: “Todos los seres que tienen cuerpos, tienen dominio sobre los que no los tienen. El diablo no tiene poder sobre nosotros sino hasta donde se lo permitimos”.6
Estas verdades eternas sobre la importancia de nuestro cuerpo físico los fortalecerán en contra de la decepción y los ataques del adversario. Uno de mis más profundos deseos para ustedes es que obtengan un testimonio cada vez mayor de la Resurrección y un agradecimiento cada vez mayor por él, incluso su propia resurrección con un cuerpo celestial y exaltado “por causa de vuestra fe en [el Señor Jesucristo], de acuerdo con la promesa” (Moroni 7:41).
La nueva generación
Ahora quisiera hablarles específicamente a ustedes como realmente son. En realidad ustedes son la nueva generación de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En octubre de 1997, el élder Neal A. Maxwell visitó el campus de la Universidad Brigham Young--Idaho para hablar en un servicio devocional. Durante el día que estuvo en el campus, hablamos sobre una variedad de temas del Evangelio en general y sobre la juventud de la Iglesia en particular. Recuerdo que el élder Maxwell hizo una declaración que causó una gran impresión en mí. Esto fue lo que dijo: “La juventud de esta generación tiene una capacidad mayor de obedecer que cualquier generación anterior”.
Luego indicó que su declaración provenía de una verdad que enseñó el presidente George Q. Cannon: “Dios ha reservado espíritus para esta dispensación que tienen el valor y la determinación de enfrentar el mundo y todos los poderes del maligno, visibles e invisibles, de proclamar el Evangelio y mantener la verdad y establecer y edificar la Sión de nuestro Dios sin temor a todas las consecuencias. Ha enviado estos espíritus durante esta generación a fin de establecer los cimientos de Sión para que nunca más sea derrocada y para levantar simiente justa que honrará a Dios y que lo honrará de forma suprema y será obediente a Él en toda circunstancia”.7
Los padres y líderes de la Iglesia con frecuencia hacen hincapié en que los jóvenes y las jovencitas de esta generación se han reservado para esta época de la historia del mundo y que son algunos de los hijos más valientes de nuestro Padre Celestial. Es cierto que esas declaraciones son verdaderas, pero con frecuencia me he preguntado si los jóvenes escuchan esta descripción con tanta frecuencia que se convierte en algo trillado, y que su importancia y profundas implicaciones se pasan por alto. Sabemos que de “aquel a quien mucho se da, mucho se requiere” (D. y C. 82:3). Y las enseñanzas del presidente Cannon y del élder Maxwell nos ayudan a comprender más plenamente lo que se requiere de nosotros en la actualidad. Ustedes y yo debemos ser valientes y “obedientes a Él en toda circunstancia”. Por tanto, la obediencia es el arma principal en el que la nueva generación debe confiar en la lucha de los últimos días entre el bien y el mal.
Nos regocijamos que el Señor, mediante Sus siervos autorizados, ha “elevado el nivel de los requisitos” para los jóvenes y las jovencitas de la actualidad. Dado lo que sabemos en cuanto a quiénes somos y por qué estamos aquí en la tierra, agradecemos y apreciamos tal dirección inspirada. Y debemos reconocer que Lucifer se esfuerza incesantemente por “bajar el nivel de los requisitos”, para lo cual intenta persuadirnos a utilizar incorrectamente nuestro cuerpo físico y a restarle la importancia que tiene.
El Salvador nos ha advertido repetidamente que nos cuidemos de la decepción del Adversario:
“Y Jesús respondió y les dijo: Mirad que nadie os engañe …
“porque en aquellos días también se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, a tal grado que engañarán, si fuere posible, aun a los mismos escogidos, que son los escogidos conforme al convenio …
“y el que atesore mi palabra no será engañado” (José Smith---Mateo 1:5, 22, 37).
La obediencia abre la puerta a la compañía constante del Espíritu Santo. Y los dones y habilidades espirituales activados por el poder del Espíritu Santo nos permiten evitar ser engañados, al mismo tiempo que nos permiten ver, sentir, conocer, entender y recordar las cosas como realmente son. Ustedes y yo hemos sido investidos con una mayor capacidad de obedecer precisamente por esas razones. Moroni declaró:
“…escuchad las palabras del Señor, y pedid al Padre, en el nombre de Jesús, cualquier cosa que necesitéis. No dudéis, mas sed creyentes; y empezad, como en los días antiguos, y allegaos al Señor con todo vuestro corazón, y labrad vuestra propia salvación con temor y temblor ante él.
“Sed prudentes en los días de vuestra probación; despojaos de toda impureza; no pidáis para dar satisfacción a vuestras concupiscencias, sino pedid con una resolución inquebrantable, para que no cedáis a ninguna tentación, sino que sirváis al verdadero Dios viviente” (Mormón 9:27--28).
Conforme prestemos atención a ese consejo inspirado, podemos ser y seremos bendecidos para reconocer y rechazar los ataques del adversario, el día de hoy y en los días que están por venir. Podemos cumplir, y cumpliremos, nuestras responsabilidades preordenadas, y contribuiremos a la obra del Señor en todo el mundo.
Testifico que Dios vive y que es nuestro Padre Celestial. Él es el Autor del plan de salvación. Jesús es el Cristo, el Redentor cuyo cuerpo fue molido, quebrantado y desgarrado por nosotros cuando ofreció el sacrificio expiatorio. Él resucitó; Él vive; y está a la cabeza de esta Su Iglesia en estos últimos días. El estar “para siempre envuelto entre los brazos de su amor” (2 Nefi 1:15) será una experiencia real, no virtual.
Testifico que podemos ser bendecidos, y que seremos bendecidos, con el valor y la determinación de enfrentar el mundo y todos los poderes del maligno. La rectitud prevalecerá. Ninguna mano impía puede detener el progreso de esta obra. Testifico de estas cosas como realmente son y como realmente serán, en el sagrado nombre del Señor Jesucristo. Amén.
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El próximo domingo 03 de Mayo de 2009 se celebrará una Charla Fogonera para los jóvenes adultos de la Iglesia, esta se llevará a cabo desde el campus de las Universidad de Brigham Young Idaho, en Rexburg Idaho.El orador de la reunión será el Elder David A. Berdnard del Quorum de los Doce Apóstoles.
A fin de que puedan asistir a esta reunión les recomiendo consultar en sus centros de reuniones locales los horarios y lugares de tranmisión.
Si quieres ver la transmisión vía internet puedes hacerlo desde este link.
Una vez que esten disponibles los recursos de esta transmición les informaremos y se los pondremos a disposición.
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Tal como se anunciara en EL Rincón Sud el pasado domingo 11 de Enero de 2009 se transmitió la Charla Fogonera del Sistema Educativo de la Iglesia para los Jóvenes Adultos Solteros cuyo orador fue el presidente de la Iglesia Tomas S . Monson.En esta ocasión El Rincón Sud quiere anunciar que ya está disponible por Internet la posibilidad de poder ver esta charla fogonera. Por lo tanto si no pudiste asistir a la reunión y si asististe y quieres volver a verla, puedes hacerlo ingresando en este link para verlo en español.
También hay disponible un pequeño resumen de esta charla fogonera en el sitio de las noticias de la Iglesia, la única dificultad es que se encuentra en Inglés. Ver Noticia.
Desde El Rincón Sud nos esforzaremos por traerles y anunciarles todas las Charlas Fogoneras y Devocionales que se presenten durante el transcurso del año. Les invitamos también a que puedan participar dándonos información de actividades o transmisiones a fin de que podamos publicarlas.
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Aqui les dejamos el link para la transmision en español.
Para más informacion sobre los horarios de la transmision consultar este link
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